Cualquier intento de combatir la pobreza desde el microcrédito corre el riesgo de convertirse en otra herramienta que perpetúe la desigualdad en lugar de reducirla.
La falta de acceso a servicios financieros formales empuja a miles de personas a recurrir a créditos informales y costosos, profundizando la desigualdad y la precariedad económica.
El colapso del esquema Koriun dejó en evidencia los riesgos de los fraudes financieros y la urgente necesidad de fortalecer la educación y supervisión económica en el país