Nos educaron para pensar que la salida económica tiene una sola puerta: conseguir empleo. Pero los datos del Instituto Nacional de Estadística muestran una realidad más compleja. Luego de su última Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples, de julio de 2026, nos dimos a la tarea de estudiar sus datos y sacarles valor para obtener información. Al final, este trabajo nos gusta y queremos servir con nuestro análisis y columna de opinión en este prestigiado diario.
La encuesta estima 2.99 millones de hogares. Al examinar sus fuentes de ingreso, aparece un dato revelador: el salario representa el 49.5 % del ingreso total y el otro 50.5 % proviene de cuenta propia, remesas, jubilaciones, alquileres, ayudas y otras fuentes.
En otro cruce que hicimos encontramos algo que rompe un prejuicio: unos 675,585 hogares están encabezados por trabajadores por cuenta propia, de manera que su ingreso per cápita promedio es de L5,665 mensuales, prácticamente igual a los L5,639 de los hogares encabezados por empleados privados. En aquellos hogares, el 87.2 % de sus ingresos procede del trabajo por cuenta propia.
San Pedro Sula ofrece una muestra particularmente interesante. Sus hogares registran un ingreso per cápita promedio de L7,785, 59 % superior al promedio nacional y 14 % mayor que el Distrito Central. Sin embargo, solo el 51.7 % de su ingreso proviene del salario; el 24.6 % procede del trabajo por cuenta propia. Es decir, una ciudad de altos ingresos relativos tampoco vive exclusivamente del empleo asalariado. San Pedro puede ser una ventana para pensar a Honduras: trabajar también puede significar producir, vender, prestar servicios y construir ingresos propios.
Pero hay que evitar una conclusión simplista. En el quintil más pobre (es decir, uno de cinco grupos poblacionales iguales ordenados por ingreso), solo el 22.1 % del ingreso proviene del salario y cerca del 45.5 % llega mediante remesas, ayudas y otras transferencias. No depender del salario puede significar autonomía, pero también dependencia.
Generar ingresos sin patrono exige algo que tenga valor: conocimiento, oficio, producto, servicio o activo; alguien dispuesto a pagar; acceso al mercado; herramientas o capital inicial; saber calcular costos y precios; capacidad de vender repetidamente y, de ser posible, varias fuentes de ingreso.
Quizá la pregunta pública está incompleta. No basta preguntar cuántos empleos creamos. También deberíamos preguntar cuántas personas estamos preparando para transformar lo que saben, hacen o poseen en ingresos sostenibles.
Quizá el verdadero salto económico comienza cuando una persona aprende a convertir lo que sabe, hace o posee en ingresos sostenibles.