La ley que cada sector cree estar viendo

Las sociedades democráticas necesitan debate. Pero el debate pierde calidad cuando sustituye la evidencia por la proyección. En ese momento dejamos de analizar una política pública y comenzamos a discutir aquello que creemos que representa.

  • Actualizado: 24 de julio de 2026 a las 14:54 -

El debate sobre la Ley de Empleo a Tiempo Parcial parece centrarse en un texto jurídico. Sin embargo, cuando se observa con mayor detenimiento, da la impresión de que los distintos actores no están discutiendo exactamente la misma ley. Cada sector parece reaccionar frente a una representación distinta de ella.

Desde la psicología analítica, Carl Gustav Jung sostenía que las personas proyectan sobre el mundo aspectos internos que muchas veces no reconocen en sí mismas. En otras palabras, no siempre vemos las cosas como son, sino como las interpretamos desde nuestras experiencias, temores y expectativas.

Algo similar ocurre con las políticas públicas. Una misma norma puede ser percibida por algunos empresarios como una amenaza para su operación, por ciertos trabajadores como un riesgo para la estabilidad laboral y por otros como una oportunidad para ampliar el acceso al empleo formal. La discusión deja de girar únicamente alrededor del contenido de la ley y comienza a organizarse alrededor de las percepciones que cada actor proyecta sobre ella.

En los últimos días, el debate público ha mostrado precisamente esa tensión. Mientras desde el Gobierno se ha pedido dar tiempo a la Ley de Empleo a Tiempo Parcial para que produzca resultados, recordando además que Honduras mantiene una elevada informalidad empresarial y que ya se han desarrollado procesos de capacitación dirigidos a cientos de empresas, diversos sectores continúan cuestionando su conveniencia y plantean incluso su derogación.

La pregunta relevante no es quién tiene toda la razón. La pregunta es si estamos evaluando la ley a partir de sus resultados verificables o desde los miedos que cada sector ha construido alrededor de ella.

Las sociedades democráticas necesitan debate. Pero el debate pierde calidad cuando sustituye la evidencia por la proyección. En ese momento dejamos de analizar una política pública y comenzamos a discutir aquello que creemos que representa.

Quizá la mayor enseñanza de Jung para la vida pública sea precisamente esa: antes de juzgar un objeto conviene preguntarnos cuánto de ese juicio pertenece realmente al objeto y cuánto pertenece a nosotros mismos.

Las decisiones públicas, como por ejemplo la Ley de Empleo Parcial comienzan a servir mejor al interés colectivo, solo cuando la evidencia se imponga sobre las proyecciones.

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