Existe una tendencia persistente -y costosa- a pensar que los problemas de movilidad urbana solo pueden resolverse con obras monumentales: pasos a desnivel, ampliaciones masivas o nuevas vías. Sin embargo, en ciudades como Tegucigalpa, donde la congestión se concentra en puntos críticos, muchas mejoras de alto impacto pueden lograrse mediante intervenciones sencillas, rápidas y bien enfocadas.
La eficiencia vial no depende únicamente de construir más, sino de hacer funcionar mejor lo que ya existe. Y en ese esfuerzo, las intersecciones ocupan un lugar central. Son los puntos donde convergen decisiones, giros, cruces y conflictos. Una intersección mal gestionada paraliza una vía completa; una bien diseñada puede multiplicar su capacidad sin necesidad de grandes inversiones.
El primer problema, y quizá el más evidente, es la obstrucción de las intersecciones y de los carriles auxiliares. Vehículos detenidos o estacionados dentro de carriles de giro o integración anulan su función y generan cuellos de botella innecesarios.
La solución, en este punto, no requiere ingeniería compleja: requiere orden, señalización y cumplimiento.Una vez despejadas las intersecciones, el siguiente paso es habilitar carriles de desaceleración, giro e integración. Existe la percepción de que estos solo funcionan en autopistas, pero, en realidad, en entornos urbanos pueden ser sumamente efectivos incluso con longitudes muy reducidas.
Un carril de giro a la derecha de apenas 10 o 15 metros puede mejorar significativamente la fluidez, siempre que esté bien diseñado y libre de obstrucciones.Estas intervenciones suelen implicar ajustes menores -mover postes, bordillos o señalización-, cuyo costo es marginal frente a las pérdidas diarias de tiempo y combustible que provoca una red vial ineficiente.En la segunda parte de este artículo hablaré de cómo las islas peatonales ayudan a facilitarle la vida al peatón.