Jan Davis, de sesenta años, veterana paracaidista profesional, participaba en un peligroso deporte llamado salto base: saltar desde objetos fijos como precipicios y torres. Fue durante un salto base que le llegó la muerte, el 22 de octubre de 1999.
El esposo de Jan, quien estaba filmando el salto, y varios periodistas, quedaron atónitos cuando ella, la cuarta de cinco paracaidistas, cayó durante veinte segundos y chocó contra las rocas. Su paracaídas no se abrió adecuadamente. Saltó desde el precipicio de granito de más de mil metros llamado El Capitán, en el Parque Nacional Yosemite, en California.
Jan y los demás paracaidistas sabían que el salto base era ilegal en el Parque Yosemite. La ley se aprobó porque ya había habido seis muertes en ese lugar, junto con numerosos heridos, debido a saltos base.
En realidad, los cinco paracaidistas estaban protestando por las restricciones de salto en el parque y, de manera irónica, saltaban para probar que el deporte era seguro. Estos paracaidistas no solo sabían los riesgos, sino que conocían la ley y la violaron adrede. Jan Davis pagó con su vida.
Esta historia nos revela una de las luchas más grandes que tenemos los seres humanos: someternos a normas, reglas y leyes. Desde la niñez sentimos el impulso de probar límites, de creer que las consecuencias les ocurrirán a otros, nunca a nosotros mismos. Esta tentación se ve especialmente agudizada en la juventud, cuando la sensación de invencibilidad, el deseo de independencia y la necesidad de afirmar la propia identidad empujan a muchos jóvenes a desafiar la autoridad, ya sea la de sus padres, sus maestros o la ley misma. Rechazar las reglas puede parecer un acto de libertad y valentía, cuando en realidad nos conducirán indefectiblemente a consecuencias irreversibles y dolorosas.
De igual modo, muchas personas creen que pueden violar adrede la ley de Dios. Pero las normas divinas no existen para quitarle al ser humano la felicidad o la libertad. Las leyes de Dios, indica Jonathan Mutchler, están allí por una razón: nuestro bienestar. Pensemos bien antes de actuar para que no tengamos que aprender por la vía dura.