Ya no hace falta convencer a una sociedad de una mentira para manipularla. A veces basta con hacerle creer que miles de personas piensan lo mismo.
El caso del consultor político argentino Fernando Cerimedo permite entender la dimensión del problema. Cerimedo, fundador de La Derecha Diario, participó en la campaña presidencial de Javier Milei y trabajó anteriormente con Jair Bolsonaro. Tras su detención en Bolivia, la Fiscalía informó haber encontrado en inmuebles vinculados a él una denominada “mini granja de bots”. El uso y alcance de esos equipos siguen bajo investigación.
La relevancia no está solamente en Cerimedo. Está en el método. Una red coordinada puede repetir una narrativa, inflar interacciones, atacar reputaciones y hacer que una opinión minoritaria parezca multitudinaria en la que un algoritmo detecta actividad y la premia con visibilidad. Luego ocurre algo más delicado: ciudadanos, periodistas, empresarios y dirigentes comienzan a interpretar esa visibilidad como una señal de realidad.
Así se fabrica una percepción y en una sociedad polarizada como la hondureña el riesgo es mayor porque la lectura extensa compite contra el desplazamiento interminable de la pantalla; el titular sustituye con frecuencia al contenido, el video breve al contexto y la confirmación de nuestras propias creencias al esfuerzo de contrastarlas, así vemos que no necesitamos que todos crean una falsedad, basta con segmentarla correctamente para quienes están predispuestos a aceptarla.
La inteligencia artificial reduce todavía más el costo de esa operación. Puede multiplicar textos, imágenes, voces y videos, personalizarlos para distintos públicos y acelerar una campaña de influencia a una escala antes reservada a grandes estructuras, y aquí el empresario debería dejar de mirar la desinformación como un problema exclusivamente electoral.
La misma lógica que puede fabricar apoyo político puede fabricar una crisis reputacional: aparentar rechazo hacia una marca, amplificar una denuncia, deteriorar la imagen de un ejecutivo o sembrar incertidumbre alrededor de una empresa. Una organización puede terminar reaccionando no ante una mayoría real, sino ante una mayoría fabricada.
En mercados sensibles a la confianza, esa distorsión puede mover decisiones antes de que una empresa tenga siquiera tiempo de comprobar si la conversación es auténtica.
Por eso necesitamos algo más que conectividad. Honduras necesita una infraestructura de confianza digital, capacidad de verificar, monitorear, contextualizar, educar y responder institucionalmente, entonces el nuevo poder no consiste únicamente en controlar información. Consiste en controlar la percepción de cuántos creen esa información.
Ese es el verdadero negocio de parecer mayoría.