Deje ir la ofensa

Como bien se ha dicho, guardar rencor es como que el ofendido beba veneno esperando que el ofensor se enferme.

  • Actualizado: 25 de septiembre de 2026 a las 15:08 -

Corría el siglo XVI cuando Fray Luis de León, distinguido catedrático de la Universidad de Salamanca, fue encarcelado por la Inquisición y permaneció casi cinco años recluido en las cárceles de Valladolid. ¿La razón? Había tenido la osadía de traducir al castellano el Cantar de los cantares, libro bíblico que exalta la belleza del amor conyugal, sin la autorización de sus superiores. Su traducción permitía apreciar con mayor claridad la profunda sensualidad y el lenguaje amoroso que atraviesan ese antiguo poema.

Al salir del encierro, la Universidad le ofreció de nuevo su cátedra, la cual había pasado a ocupar el sacerdote que lo delató y fue causante de su condena. Fray Luis rechazó la propuesta, pero aceptó ocupar otra cátedra. El primer día de clase, el salón se hallaba lleno de estudiantes y otras personas que esperaban alguna mención sobre la injusta pena y el tiempo que permaneció encarcelado, pero el ilustre sacerdote y educador los dejó atónitos a todos cuando dijo solamente al inicio: “Como decíamos ayer”. Y siguió la lección en el mismo punto en que la había dejado un lustro antes.

Como bien se ha dicho, guardar rencor es como que el ofendido beba veneno esperando que el ofensor se enferme. Está demostrado que las personas que cultivan el odio en sus corazones llegan a sufrir uno o más de los siguientes males: insomnio, ataques de ansiedad, hipertensión, dolores musculares, problemas digestivos, fatiga constante y enfermedades de salud mental. Y lo más irónico del asunto es que el ofensor sigue con su vida, mientras que el ofendido vive esclavizado por su pasado, reviviendo la herida una y otra vez, sin darse cuenta de que el resentimiento lo está consumiendo poco a poco.

Por eso, se hace tan necesario aprender a dejar ir la ofensa, para que no se quede con nosotros, tal como se aprecia en la actitud de Fray Luis. ¿Cómo se logra esto? Solo existe un camino: perdonar. Está comprobado que las personas que perdonan experimentan salud física, emocional y psicológica.

Al perdonar, la primera persona beneficiada no es quien recibe el perdón, sino quien decide otorgarlo. Claro está que el perdón no borra el pasado, pero lo que sí hace es liberarnos para no morir encadenados a él.

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