¿Cómo construir una sociedad más moderna y desarrollada en Honduras (3/3)

El desarrollo de Honduras requiere un esfuerzo conjunto entre el Estado, la empresa privada y la ciudadanía, con responsabilidades claramente definidas para impulsar la competitividad, la inversión y el bienestar del país.

  • Actualizado: 20 de julio de 2026 a las 00:00 -

Creo firmemente que sí es posible delinear con mayor claridad cuál debe ser el rol del Estado, de la empresa privada y de la sociedad en el progreso del país.

El Estado debe luchar por ser más eficiente y por dirigir la mayor proporción de sus recursos hacia las áreas que elevan la competitividad general, como la educación, la seguridad, la infraestructura y la reducción de cargas administrativas innecesarias. La intervención estatal sobre la actividad privada debe sentirse cada vez más liviana, predecible y orientada a crear condiciones, no a sustituir al mercado.

Por su parte, el rol de la empresa privada y de sus representantes debe enfocarse en impulsar mayores niveles de inversión y en mejorar las condiciones competitivas del país en su conjunto. Esto implica avanzar en la eliminación de las deformaciones del mercado que premian a ciertos sectores o empresas a expensas de otros, y abstenerse de promover distorsiones fiscales o regulatorias que, aunque rentables en el corto plazo, terminan generando asignaciones ineficientes de capital y frenando el desarrollo.

El escenario ideal es aquel en el que las empresas pueden dedicar la mayor parte de su esfuerzo a la actividad productiva, la innovación y la creación de empleo, y no a la manipulación de sistemas de clientelismo o favoritismo estatal.

La ciudadanía también es una parte central de este proceso. Como sociedad, debemos aspirar a ser cada vez más educados, productivos y ordenados, adoptando una cultura que se corresponda con el futuro que queremos construir.

No tiene sentido que el hondureño, en cualquiera de sus niveles, emigre a países desarrollados y adopte allí patrones de disciplina y productividad propios del primer mundo, pero reproduzca estándares mucho más bajos cuando permanece en su propio país.

Una ciudadanía educada y consciente está en mejores condiciones de elegir a buenos representantes, así como de exigir, vigilar y evaluar que las autoridades electas —que no son otra cosa que nuestros delegados— cumplan su función de manera eficiente y responsable.

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