Alza de los combustibles: hambre y género

El encarecimiento de los combustibles genera hambre, al reducirse la capacidad adquisitiva y no cubrir el 100% de la canasta básica con un salario real deprimido

  • Actualizado: 27 de marzo de 2026 a las 00:00 -

Durante 10 semanas consecutivas, los precios de los combustibles han incrementado en el país de manera exponencial y desproporcionada. En este sentido, datos de la Secretaría de Energía (SEN) muestran el comportamiento en la mayoría de los combustibles: la gasolina regular ha aumentado L16.82; la súper nominalmente subió L22.43; el diésel L24.78, y el queroseno L39.28, siendo este último el que mayormente llama la atención, dado que, porcentualmente, aumentó 54%.

Cabe mencionar que esta situación se ha visto agravada debido a la volatilidad por el conflicto geopolítico entre Estados Unidos y Medio Oriente, así como la incertidumbre en los mercados financieros de los refinados. Donde Honduras, al ser un importador neto de dichos combustibles, debe enfrentar estos choques externos.

Sin embargo, hay políticas internas que también inciden en el precio de estos, como la estructura de la fórmula, donde los impuestos fijos son relativamente altos y los márgenes de comercialización se convierten en elementos rígidos que no permiten una mayor rebaja en el precio final al consumidor en las bombas de las gasolineras.

Es importante recalcar que el Gobierno como medida paliativa absorbe parcialmente el 50% del incremento vía subsidio a la gasolina regular y el diésel; no obstante, dicha acción tiene implicaciones complejas, pues genera el traslado de recursos a gasto corriente, en contraposición al destino de fondos para inversión pública, principalmente la productiva.

A su vez, se ha hecho hincapié que será una disposición “temporal”, generando mayor incertidumbre en la población, pues no queda claro sí será eliminada, una vez termine el conflicto externo y el precio del barril vuelva a estabilizarse o cuando se acaben los recursos y financieramente no sea sostenible seguir ejecutando el subsidio. Este comportamiento al alza claramente no se queda a nivel de estaciones de servicio, el problema va más allá, ya que de manera inmediata se traslada a la mesa de los hogares hondureños, ya que los combustibles son esenciales en las cadenas de producción y comercialización de la mayoría de las mercancías.

Para el caso, el diésel es el que moviliza el transporte de carga del sistema agroalimentario y, al encarecerse en más del 25%, eleva los costos de fletes, incidiendo en la inflación alimentaria en detrimento del ingreso real.Visto bajo esa lógica, el encarecimiento de los combustibles genera hambre, pues al reducirse la capacidad adquisitiva y no cubrir el 100% de la canasta básica con un salario real deprimido, las familias toman decisiones de sacrificar el consumo de varios productos claves para la dieta alimenticia alta en proteína y otros nutrientes, muchas veces buscando productos sustitutos o desapareciendo del menú del hogar. En medio de esta difícil situación hay que resaltar que estas crisis no son del todo neutrales en términos de género.

Si bien es cierto la problemática la enfrenta la mayoría de los hondureños, son las mujeres quienes por su rol predominante en la economía del cuidado gestionan el presupuesto familiar y enfrentan las situaciones de escasez en sus hogares y en los mercados,En un contexto donde la pobreza afecta al 60.1% de la población, el índice de feminidad de la pobreza muestra la cruda realidad de las mujeres, ya que por cada 100 hombres en condiciones de pobreza hay aproximadamente 106 mujeres en la misma condición.

Por lo tanto, aunque seamos las que enfrentamos las brechas de género, disparidades salariales, menos participación en el mercado laboral, menor acceso al crédito, somos las que debemos bregar con la tarea de maximizar el valor del lempira devaluado por la inflación, planificar un presupuesto ante una situación de escasez, sacrificando muchas veces el beneficio personal para asegurar el de los hijos y el resto del núcleo familiar.El alza del 54% en el queroseno golpea directamente a las mujeres en condiciones de alta vulnerabilidad que aún lo utilizan para cocinar o incluso para iluminarse donde aún no hay redes eléctricas.

Finalmente, hemos escuchado a los “expertos” realizar una serie de recomendaciones para enfrentar el panorama actual, sin embargo, es difícil dictar recetas cuando cada región, hogar e individuo tiene sus propias características y patrones de consumo.

Por lo tanto, a nivel macro, el Gobierno deberá seguir implementando medidas cortoplacistas; sin embargo, estas no deben ser la única ruta. Los subsidios, pese a que son temporales, son una apuesta insostenible que no resuelve el problema estructural. Este tipo de crisis generan la urgencia por reconocer que las dificultades derivadas por los precios de combustibles también son crisis alimentarias y de cuidados.

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