San Pedro Sula, Honduras. No hablan español con fluidez, muchos nunca han vivido en los países de sus padres y crecieron entre dos culturas. Son los llamados “no sabo kids”, jóvenes estadounidenses de origen latino que hoy podrían tener un papel importante en las elecciones de medio término de Estados Unidos, en las que se definirá el control del Congreso y buena parte del rumbo político del país durante los próximos dos años.
La expresión nació en las redes sociales para identificar, muchas veces en tono de burla y discriminación, a los hijos de inmigrantes hispanos que tienen dificultades para hablar español.
El nombre proviene del error de decir “no sabo” en lugar de “no sé”, pero detrás de esa frase existe una generación que ha comenzado a ganar visibilidad en el debate sobre identidad, migración y participación política.
Este martes 3 de noviembre, millones de estadounidenses acuden a las urnas para elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y renovar aproximadamente un tercio del Senado. En varias contiendas estrechas, la participación de los jóvenes y de las comunidades latinas podría resultar determinante para el reparto de poder entre republicanos y demócratas.
De acuerdo con el Pew Research Center, alrededor de 39 millones de latinos reúnen los requisitos para votar en estas elecciones, equivalentes al 16% del electorado estadounidense. La cifra representa un crecimiento de 5.2 millones respecto a las elecciones de medio término de 2022, impulsado principalmente por jóvenes nacidos en Estados Unidos que alcanzaron la mayoría de edad.
El dato adquiere mayor importancia porque los latinos constituyen el electorado elegible más joven entre los principales grupos raciales y étnicos del país. Un 30% tiene entre 18 y 29 años, frente al 20% del conjunto de votantes elegibles, según el mismo centro de investigaciones.
Entre estos jóvenes se encuentran descendientes de mexicanos, hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y otras nacionalidades que crecieron en hogares donde el español formaba parte de la vida familiar, pero el inglés terminó imponiéndose en las escuelas, las amistades y el entorno social.
Para los hijos de hondureños, esta realidad también tiene una dimensión particular. Aunque algunos apenas pueden sostener una conversación en español, conservan vínculos con Honduras mediante sus familias, las comidas tradicionales, las celebraciones y las visitas al país de origen de sus padres.
Sin embargo, para ejercer el voto estadounidense no basta con tener raíces latinas. Deben ser ciudadanos de Estados Unidos, tener al menos 18 años y cumplir los requisitos electorales correspondientes. Tampoco existe un registro que permita identificar cuántos de estos electores son considerados “no sabo kids” ni establecer sus preferencias partidarias.
Una generación que puede inclinar la balanza
El Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica (Circle), de la Universidad de Tufts, estima que cerca de 49 millones de jóvenes de entre 18 y 29 años son elegibles para participar en estos comicios. De ellos, aproximadamente 8.5 millones alcanzaron la edad para votar desde las elecciones presidenciales de 2024.
Además, un análisis publicado el 27 de octubre reveló que los registros electorales de jóvenes de 18 y 19 años aumentaron un 8% en comparación con el período equivalente previo a las elecciones de medio término de 2022, una señal de mayor incorporación de nuevos votantes, aunque no garantiza su asistencia a las urnas.
El interés político de estos jóvenes no necesariamente coincide con el de sus padres. Mientras algunas familias inmigrantes mantienen especial preocupación por las deportaciones y la situación migratoria de sus parientes, sus hijos también enfrentan problemas relacionados con el costo de la vivienda, la educación universitaria, el empleo y el encarecimiento de los productos básicos.
Una encuesta del Pew Research Center, realizada entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre, encontró que el 51% de los votantes latinos registrados respaldaba a candidatos demócratas para la Cámara de Representantes, frente al 24% que prefería a los republicanos. Otro 18% estaba indeciso.
Estos porcentajes corresponden al electorado latino en general y no permiten establecer cómo votarán específicamente los jóvenes estadounidenses que hablan poco español.
Aunque el término “no sabo kids” ha cobrado popularidad en internet y algunos medios lo relacionan con la movilización electoral, todavía no hay evidencia estadística que permita considerarlos un bloque político organizado o atribuirles un comportamiento electoral uniforme.
Lo que sí muestran los estudios es el crecimiento de una generación latina nacida en Estados Unidos, capaz de participar en decisiones que tienen repercusiones tanto en su país de nacimiento como en las naciones de origen de sus familias.
Para Honduras, los resultados de estas elecciones también tendrán importancia por las decisiones que adopte el próximo Congreso estadounidense en asuntos migratorios, cooperación, seguridad y relaciones con Centroamérica.
Así, jóvenes que posiblemente nunca han votado en Honduras, que hablan inglés como primera lengua y que en ocasiones son cuestionados por no dominar el español, podrían participar hoy en la elección de congresistas cuyas decisiones también tendrán consecuencias para sus padres, abuelos y familiares que permanecen en territorio hondureño.
Su peso específico todavía no puede medirse, pero su incorporación al electorado refleja una transformación generacional que podría adquirir importancia en las contiendas más ajustadas de Estados Unidos.