Washington, Estados Unidos. Millones de estadounidenses acuden este martes a las urnas para renovar el Congreso, incluidos los habitantes de la capital, Washington DC, aunque con una peculiaridad: su voto no tiene el mismo alcance que el del resto.
Los residentes de la capital no pueden elegir a ningún senador y solo cuentan con un delegado en la Cámara de Representantes, que puede participar en los debates y en las comisiones, pero no votar las leyes en el pleno.
Muchos de los cerca de 700.000 habitantes de Washington denuncian esta situación como una anomalía democrática: pagan impuestos federales y están sujetos a las leyes del Congreso, pero carecen de representantes con derecho a voto.
Una capital sin estado
El origen de esta situación se remonta a los primeros años tras la independencia de Estados Unidos, cuando sus fundadores decidieron que la sede del Gobierno federal no debía depender de ningún estado.
Tras una revuelta de soldados contra el Congreso en 1783, cuando la institución tenía su sede en Filadelfia (Pensilvania), los padres fundadores llegaron a la conclusión de que el país necesitaba una capital bajo control de las autoridades federales y no de un estado concreto.
La Constitución de 1787 otorgó al Congreso autoridad exclusiva sobre la futura capital y en 1899 el Gobierno federal se trasladó al recién creado Distrito de Columbia, establecido en terrenos cedidos por Maryland y Virginia en torno a la confluencia de los ríos Potomac y Anacostia.
En 1961, una enmienda constitucional otorgó a los habitantes de la capital el derecho a votar en las elecciones presidenciales, de manera que se asignó al distrito tres votos en el Colegio Electoral, el mínimo asignado a un estado.
En 1973 se aprobó, además, un régimen de autogobierno que permitió a sus residentes elegir a su propio alcalde.
La batalla por la estatidad
Pero esos avances no han satisfecho las demandas de quienes reclaman desde hace décadas convertir Washington DC en el estado número 51 del país, lo que daría a sus habitantes representación con plenos derechos en el Congreso.
En un referéndum no vinculante celebrado en 2016, una abrumadora mayoría del 85 % de los votantes respaldó un proyecto para convertir la ciudad en un estado y mantener un pequeño distrito federal alrededor de la Casa Blanca y el Capitolio.
La Cámara de Representantes, entonces bajo control demócrata, aprobó la propuesta en 2020 y 2021, pero la iniciativa no prosperó en el Senado.
El proyecto choca con el rechazo frontal del presidente, Donald Trump, y del Partido Republicano, dado que la capital es un bastión demócrata y su conversión en estado podría decantar la balanza del Senado a favor de ese partido.
El debate se reavivó el año pasado, cuando Trump asumió el control federal de la Policía de la capital y desplegó a la Guardia Nacional en la ciudad para combatir la delincuencia, una decisión que fue rechazada por las autoridades demócratas locales, que denunciaron una invasión de competencias.