Steve Elkins, descubridor de Ciudad Blanca (también conocida como Ciudad del Dios Mono o Lost City of the Monkey God), retorna a Honduras con la convicción de que la investigación en La Mosquitia, oriente de Honduras, aún no concluye y de que permanecen vestigios importantes por revelar en esa vasta región.
El cinematógrafo, productor y explorador estadounidense llegará a Tegucigalpa el próximo 8 de junio para sostener reuniones con altas autoridades del nuevo gobierno: el ministro de Turismo, el ministro de Inversiones, el ministro de Cultura y el director del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH).
Posteriormente, el 10 de junio se desplazará a Tela y el 11 de junio visitará Roatán, donde presentará los resultados de sus investigaciones en el Gran Roatán Resort.
La visita de Elkins la coordina Antal Börcsök, cofundador y director general del Centro de Investigación Marino de Tela (Tela Marine), Distinguished Humphrey Fellow 2024 de la Harvard Kennedy School y miembro de la Junta Directiva de la Cámara de Turismo de Tela.
Börcsök explicó que Elkins regresa porque “el trabajo en Ciudad del Jaguar no está terminado. Existen artefactos catalogados, un sitio resguardado y años de investigación que quedaron en pausa. La continuidad de este trabajo corresponde a una decisión del Estado hondureño”.
Ciudad del Jaguar constituye un sitio arqueológico descubierto mediante tecnología LiDAR durante una expedición liderada por Elkins. Este sitio integra el legendario complejo conocido como Ciudad Blanca, ubicado en el departamento de Gracias a Dios.
De acuerdo con Börcsök, “lo que en 2012 representaba el límite del LiDAR aerotransportado, hoy ofrece mayor resolución y menor costo. Las imágenes hiperespectrales desde drones permiten detectar anomalías químicas en el suelo que sugieren agricultura antigua, mientras que el radar de penetración terrestre facilita el mapeo de estructuras enterradas sin necesidad de excavación”.
Lo que más motiva esta nueva visita, según Börcsök, radica en la existencia de otro sitio arqueológico aún por explorar.
El descubrimiento de Ciudad Blanca
En mayo de 2012, Steve Elkins, junto con su socio y cofinanciador Bill Benenson y el ingeniero Juan Carlos Fernández-Díaz del National Center for Airborne Laser Mapping de la Universidad de Houston, sobrevoló tres valles aislados del departamento de Gracias a Dios con un avión equipado con tecnología LiDAR.
Este sistema de láser pulsado logró penetrar la selva más tupida de Centroamérica y generó un mapa tridimensional detallado del terreno. Los resultados revelaron que bajo la espesa vegetación hay plazas, montículos, una pirámide y canales de irrigación.
Tres años más tarde, en febrero de 2015, una expedición terrestre conjunta (integrada por el equipo de Elkins, científicos del IHAH y miembros de las Fuerzas Armadas de Honduras) confirmó los hallazgos.
En el sitio encontraron decenas de esculturas de piedra finamente talladas, depositadas como ofrenda, junto a vasijas ceremoniales, metates con forma de animales y una pieza excepcional: un were-jaguar, figura mitad humana y mitad felino, probablemente un chamán en transformación.
Los arqueólogos atribuyen estos vestigios a una cultura no maya que floreció entre los años 1000 y 1400 después de Cristo. En extensión, el núcleo monumental de Ciudad del Jaguar resulta comparable al de Copán, según el arqueólogo Christopher Fisher de la Colorado State University.