La 98ª edición de los Óscar se celebra en un clima de fuerte tensión internacional, marcado por la escalada bélica en Irán, la creciente polarización geopolítica y las polémicas reformas migratorias impulsadas por la Casa Blanca.
Tras el silencio de los Globos de Oro —con una gala tibia y sosegada—, la ceremonia de los mayores premios del cine espera recuperar su carácter reivindicativo en un hervidero de expectativas, donde el glamour parece haber cedido protagonismo a la urgencia de posicionarse ante el complejo y divisivo contexto político.
Aunque las organizaciones de premios suelen optar por el silencio institucional para evitar represalias, la presión individual suele llevar a que estos espacios se utilicen para la reivindicación política.
En los últimos meses, el activismo de personalidades de Hollywood ha cobrado forma en las alfombras rojas con el pin “ICE Out”, con el que algunos artistas se han posicionado contra las deportaciones masivas del Gobierno de Donald Trump.
El movimiento surgió en pleno estallido de las protestas en Estados Unidos tras la muerte de la activista Renée Good en Minneapolis a manos de agentes federales, un suceso que ha unificado a parte de la comunidad artística contra lo que califican como violencia migratoria.
También ha habido protestas silenciosas en los últimos años en favor de Palestina, con los pines rojos “Artists4Ceasefire”, que simbolizan el apoyo al cese del fuego y la entrega de ayuda humanitaria en la región.
Javier Bardem y Wagner Moura, entre las voces más críticas
El español Javier Bardem, el brasileño Wagner Moura y el estadounidense Mark Ruffalo se perfilan como algunas de las voces más críticas frente a la situación política internacional.
Portando una kufiya palestina al cuello en apoyo a los gazatíes, el actor español alzó la voz durante la alfombra roja de la pasada edición de los Emmy para exigir sanciones contra “estado genocida de Israel, no solamente por el genocidio en curso, sino también por el estado de apartheid que provoca tanto desgarro”.
Tanto Bardem como Ruffalo han liderado críticas contra el belicismo en Oriente Medio, promoviendo un manifiesto que alcanzó 1.400 firmas en contra de la colaboración con productoras israelíes vinculadas al conflicto con Palestina.
Por su parte, Moura —nominado este año a mejor actor por “El agente secreto” (“O agente secreto”)— ha centrado su discurso en la protección de los trabajadores migrantes que sostienen la economía del entretenimiento.
Mucho ruido y pocas nueces
Por ahora, el debate sobre cuánto espacio ceder a la protesta frente al puro entretenimiento sigue abierto en los Óscar.
El conductor de la gala de este año, el comediante Conan O’Brien, ha preferido mantener cautela durante los preparativos de la ceremonia.
“Creo que lo que está sucediendo en el mundo será un equilibrio muy, muy fino entre entretener a la gente y también reconocer algunas de las realidades”, indicó ayer en una rueda de prensa.
Por su parte, Raj Kapoor, productor de los premios de la Academia, dijo a EFE: “El tono de nuestro espectáculo es muy festivo e inclusivo. Es un foro para la expresión artística, pero creo que Conan realmente ayuda a la gente a sentirse bien en la sala”.
Un historial de poderosos discursos en el atril
La historia de los premios más prestigiosos de Hollywood acumula momentos en los que su escenario ha servido para la confrontación política y social.
El año pasado, por ejemplo, los creadores de “No Other Land”, el palestino Basel Adra y el israelí Yuval Abraham, ganadores del Óscar a mejor documental, pidieron tras recibir el premio que se trabaje en una solución conjunta para poner fin al conflicto en Palestina.
“Hay un camino diferente, una solución política sin ninguna supremacía de los derechos nacionales para ambos pueblos”, afirmó Abraham, quien añadió que la política exterior de EE.UU. “está ayudando a bloquear el camino” hacia la solución de los dos Estados.
La sombra del primer mandato de Donald Trump ya condicionó la gala de 2017, marcada por constantes alusiones al polémico veto migratorio y a la defensa de la diversidad cultural.
Ese mismo año, en los Globos de Oro, Meryl Streep, actriz, pronunció un discurso en defensa de los inmigrantes y en contra de la violencia política ejercida por el mandatario estadounidense.
Otro de los momentos más recordados ocurrió en 2003, durante la invasión de Irak bajo la presidencia de George W. Bush, cuando el documentalista Michael Moore lanzó desde el escenario el incendiario “Shame on you, Mr. Bush” (“Debería darle vergüenza, señor Bush”), que dividió al público entre abucheos y vítores.
Sin embargo, uno de los episodios más memorables ocurrió en 1973, cuando Marlon Brando rechazó su Óscar por “The Godfather” (“El Padrino”) y delegó en la activista Sacheen Littlefeather la denuncia del maltrato sistemático de la industria hacia los nativos americanos.