El café hondureño enfrenta el desafío de la sequia

Honduras cierra la cosecha cafetalera 2025–2026 con 7.3 millones de sacos de 46 kilogramos exportables y más de 2,285 millones de dólares en divisas. Pero mientras el sector registra estos resultados, en las montañas de Corralitos productores como Yorlan Josué Girón enfrentan una temporada marcada por la falta de lluvia y sus efectos sobre los cafetales.

  • Actualizado: 30 de septiembre de 2026 a las 17:09 -
El café hondureño enfrenta el desafío de la sequia
Aldea Las Botijas, Honduras.

Durante meses, el agua que normalmente llega a las montañas de Corralitos no llegó. En la finca familiar de Yorlan Josué Girón, productor de café de la aldea Las Botijas, el problema comenzó a hacerse evidente a principios de julio. Para entonces, las plantas necesitaban agua para una etapa decisiva: el llenado del grano.

Las lluvias se habían detenido después de un inicio de invierno que parecía normal. En una zona acostumbrada a recibir abundante precipitación, aquella ausencia comenzó a sentirse extraña. Después llegaron las señales: plantas estresadas, hojas afectadas y frutos que, al ser examinados, mostraban las consecuencias de la falta de agua.

“Se nos hizo raro, ya que nunca nos había pasado esto”, cuenta Yorlan.

El contraste resume uno de los desafíos que atraviesa actualmente la caficultura hondureña, un sector que mantiene una importante capacidad productiva y exportadora, pero cuyos resultados también dependen de lo que ocurre en cada cafetal, donde el clima puede cambiar las condiciones de una cosecha.

Julio y agosto son meses importantes para el desarrollo del fruto. La falta de humedad también complicó la nutrición de los cafetales. Algunos productores de la zona decidieron no realizar la primera fertilización porque el suelo necesitaba estar suficientemente húmedo para que las plantas pudieran aprovechar los nutrientes.

En la finca de Yorlan comenzaron entonces a revisar qué estaba ocurriendo. Realizaron pruebas de flotación con muestras representativas de frutos. En algunos lotes, hasta un 80% de los frutos de la muestra llegó a flotar; en otros, el porcentaje fue menor.

Después abrieron los granos, encontraron frutos afectados, con porcentajes que variaban entre 30% y 80%, dependiendo del lote y de la variedad. El resultado de esas pruebas no significa que la finca haya perdido ese porcentaje de su producción total, sino que muestra la afectación encontrada en determinadas muestras y parcelas.

Yorlan calcula que alrededor de un 20% de la producción de café de su zona podría haberse visto afectada por la falta de agua. A mediados de septiembre la lluvia regresó. Para entonces, algunas plantas ya mostraban los efectos del estrés. Yorlan las describe como plantas “dormidas”.

Fruto de café abierto en el que se observa un grano afectado por el estrés hídrico provocado por la falta de lluvias.

Una historia construida alrededor del café

Lo que ocurre hoy en las montañas de Corralitos forma parte de una historia mucho más amplia.

Honduras es un país pequeño en territorio, pero diverso en sus cafés. La combinación de altitud, microclimas, variedades y procesos de producción ha permitido que el país construya una identidad propia dentro de la industria cafetalera y que algunos de sus cafés alcancen reconocimiento en competencias nacionales e internacionales.

Los primeros registros de actividad cafetalera en Honduras datan de 1778, cuando el café ingresó al territorio desde Guatemala. Décadas después, en 1804, Ramón de Anguiano, gobernador intendente de Honduras, dejó constancia del potencial que observaba en el cultivo. En un informe enviado a los Reyes de España destacó la calidad del café producido en la entonces Provincia de Honduras y señaló que existían condiciones para ampliar su cultivo.

Durante décadas, sin embargo, el café fue principalmente una actividad familiar y una pequeña parte de la producción se destinaba a la venta.

La transformación de la caficultura hondureña comenzó a tomar fuerza a mediados del siglo XX. En la década de 1950 algunas fincas iniciaron procesos de tecnificación y el Gobierno creó la Oficina del Café para atender y promover la actividad. En la década siguiente se creó la Asociación Hondureña de Productores de Café y se impulsó el uso de variedades mejoradas de porte bajo.

En la década de 1970 se creó el Instituto Hondureño del Café (IHCAFE), institución que asumió un papel importante en la investigación y asistencia técnica al productor.

Con los años, Honduras no solo amplió su producción, sino que desarrolló una oferta marcada por la diversidad de sus regiones cafetaleras. La altitud, los microclimas y las diferentes variedades permiten encontrar perfiles distintos a lo largo del territorio.

En las montañas donde produce Yorlan, esa diversidad también está presente. Finca Las Botijas se encuentra entre los 1,500 y 1,600 metros sobre el nivel del mar y está dedicada a la producción de cafés especiales. Allí cultiva Gesha, Pacamara, Catuai y Lempira, mientras incorpora nuevas plantas de Parainema.

Yorlan Josué Girón conversa con compradores de café en la finca Las Botijas, donde produce café de especialidad.

Una nueva generación en la finca

Yorlan pertenece a una segunda generación de productores. Su padre comenzó a cultivar café hace aproximadamente 18 años. Ahora él participa en una actividad que aprendió dentro de su familia, pero que también observa desde su formación como biólogo.

Esa combinación de conocimiento académico y experiencia en el campo ha influido en la manera en que trabaja. La finca no está pensada únicamente para producir café. Yorlan busca diversificarla con árboles frutales, especies maderables y árboles nativos que contribuyan a conservar las fuentes de agua. También trabaja en la nutrición del suelo, el manejo de sombra y los microorganismos.

Para él, adaptarse significa preparar la finca para condiciones que ya no siempre se comportan como antes. Pero el cambio climático no es la única preocupación de la nueva generación. Yorlan observa que muchos jóvenes de las comunidades productoras terminan buscando oportunidades en las ciudades o emigrando. Por eso considera que el relevo generacional requiere algo más que conocimientos sobre producción.

Los jóvenes necesitan aprender a administrar una finca, acceder a financiamiento y encontrar mercados capaces de reconocer la calidad del café que producen. La pregunta es si la finca familiar puede convertirse en una alternativa empresarial capaz de sostener a una nueva generación.

“Le tengo mucho amor, nos involucramos como familia, es lo que tenemos, es lo que sabemos hacer”, dice Yorlan.

El café hondureño enfrenta el desafío de la sequia

La sequía no golpea igual en todo el país

La experiencia de Yorlan no representa por sí sola la situación de toda la caficultura hondureña.

Las condiciones climáticas y sus efectos varían de una región a otra. Mientras algunos productores han observado afectaciones importantes por la falta de lluvia, la producción nacional mantiene una capacidad que permite al sector continuar atendiendo los mercados internacionales.

De acuerdo con los resultados de la cosecha 2025–2026 presentados por el IHCAFE, Honduras registra 96,903 productores y una productividad promedio de 18.53 quintales por manzana. La producción nacional reportada alcanzó 7,502,772.48 quintales de café oro.

En materia de exportaciones, el sector cerró el período con 7.3 millones de sacos de 46 kilogramos, generando 2,285 millones de dólares en divisas y con un precio promedio de exportación de 312.58 dólares. El café hondureño tuvo presencia en 53 destinos internacionales.

Para la cosecha 2026–2027, el viceministro de Caficultura, Francisco Ordóñez, explicó que las plantas tuvieron una capacidad productiva o floración estimada en ocho millones y que la incertidumbre asociada a la sequía se calcula en alrededor de un millón. Con esa estimación, el pronóstico de producción exportable se sitúa en aproximadamente siete millones de sacos.

Sin embargo, el impacto de la falta de lluvia no es uniforme. Ordóñez señaló afectaciones de hasta 70% en algunas zonas cafetaleras ubicadas en el corredor seco, particularmente en municipios del sur de Intibucá, Lempira, Copán y La Paz.

La diferencia entre una proyección nacional y la realidad de un cafetal es parte de la complejidad que enfrenta el sector, mientras los indicadores generales muestran la capacidad productiva del país, determinados productores deben hacer frente a pérdidas y condiciones climáticas que pueden comprometer sus ingresos.

El café hondureño enfrenta el desafío de la sequia

La respuesta ante un clima más incierto

La adaptación también se ha convertido en una de las prioridades de la institucionalidad cafetalera. El IHCAFE reporta diez años de evaluación en cuatro centros de investigación y la liberación de dos nuevas variedades, además de acciones de promoción de la calidad nacional e internacional.

El instituto también señala avances en investigación y asistencia técnica, con la introducción de las variedades ARANÁS SHN y HONDUNOVA, así como la renovación de fincas mediante la estrategia “Renovar sin Dejar de Producir”.

Paralelamente, Honduras avanza en la georreferenciación de las unidades productivas para responder a nuevas exigencias de los mercados internacionales.

La infraestructura es otro de los desafíos. Durante la cosecha 2025–2026 fueron intervenidos más de 10,468 kilómetros de caminos en 162 municipios de 15 departamentos, con una inversión de 243.7 millones de lempiras, según la institucionalidad cafetalera. Estas obras benefician a más de 90,000 familias productoras.

El sector también reporta más de 96,000 productores, 318 técnicos en campo y acciones para fortalecer el Registro Cafetero y la asistencia técnica.

Pero para los productores, la adaptación no se mide únicamente en nuevas variedades, caminos o tecnología. También se mide en la capacidad de una familia para absorber una mala temporada y continuar produciendo.

El futuro también depende de quienes deciden quedarse


Yorlan no puede decidir cuándo llegará la lluvia. Tampoco puede evitar que una temporada seca afecte una variedad determinada o que una planta llegue debilitada al momento de llenar su fruto. Lo que sí puede hacer es prepararse, mejorar el suelo, proteger el agua, manejar la sombra, diversificar, conocer las variedades, buscar mejores mercados y permanecer.

Para una generación que ha crecido viendo cómo otros jóvenes abandonan las comunidades productoras, quedarse en la finca es también una decisión sobre el futuro “la resiliencia está en aceptar que a veces nos toca perder”, dice Yorlan.

La frase resume una realidad que conocen muchas familias cafetaleras, no todas las temporadas serán buenas y no todas las pérdidas podrán evitarse. La diferencia estará en la capacidad para recuperarse y adaptarse.

La caficultura hondureña ha cambiado desde aquellos primeros registros del siglo XVIII. Pasó de ser un cultivo principalmente familiar a convertirse en uno de los principales motores de la actividad agrícola y exportadora del país.

Ahora enfrenta otro cambio. El clima introduce una incertidumbre que obliga a replantear cómo producir, cómo proteger las fincas y cómo conseguir que los jóvenes encuentren razones para continuar una historia que comenzó hace generaciones.

En las montañas de Corralitos, Yorlan ya está pensando en esa próxima etapa. No sabe cuándo volverá a faltar la lluvia. Pero sí sabe que quiere seguir cultivando café.

Nota de edición: Las cifras de cosecha 2025–2026 y las acciones institucionales se tomaron de los documentos del IHCAFE proporcionados para la elaboración de esta nota. Las declaraciones y estimaciones atribuidas a Francisco Ordóñez y Yorlan Josué Girón corresponden a las entrevistas proporcionadas por la autora.

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