Honduras ha consolidado su posición en la élite mundial del café al posicionarse como el primer productor de Centroamérica, el tercero de América y el octavo a nivel global, destacando con una producción 100% de la variedad Arábica lavado.
La calidad del grano nacional ha cruzado fronteras, llegando a más de la mitad del continente europeo, con Alemania figurando como el principal comprador con más de 54 millones de kilogramos al año, según el Instituto Hondureño del Café. Además de abastecer a mercados exigentes en Estados Unidos, Japón, Bélgica e Italia.
Este éxito responde a la riqueza natural del país, estructurada en seis regiones cafetaleras: Copán, Opalaca, Montecillos, Agalta, El Paraíso y Comayagua con microclimas diversos y suelos volcánicos ricos en minerales. Además, la caficultura nacional destaca por la diversidad de sus plantaciones, donde un 92% de los productores son pequeños caficultores que cultivan variedades tradicionales y conviven con variedades exóticas de alta gama como Geishas y Pacamaras.
El valor de conocer la calidad del grano que se produce
A pesar del gran volumen de exportación, una importante cantidad de productores enfrenta una desventaja estructural al momento de comercializar su cosecha debido a la falta de conocimiento técnico para catar su propio café. Se estima que únicamente una fracción mínima de los más de 120,000 caficultores del país cuenta con formación en catación profesional.
La catación de café consiste en la evaluación sensorial de los aromas y sabores del café, permitiendo determinar su calidad y clasificarlo según defectos.
Esta brecha de conocimiento genera pérdidas económicas significativas. Diversos productores reportan que reciben entre un 15% y un 30 % menos del precio de referencia de la Bolsa de Nueva York.
Para un pequeño productor con un rendimiento promedio de 20 quintales al año, el impacto supone dejar de percibir entre L20,000 y L50,000 anuales, una cifra que se eleva drásticamente si el grano llegara a alcanzar la categoría de café de especialidad y se vendiera al precio del café comercial.
La catación permite clasificar la producción, separar microlotes (lotes pequeños de café con características sensoriales sobresalientes) e identificar cafés de 85 puntos o más.
En relación a esto, Francia Kilgore, productora de segunda generación, afirma que la evaluación técnica es indispensable para romper los procesos de intermediación: “Muchas veces un café con características diferenciadas termina vendiéndose como un café comercial simplemente porque el productor desconoce su potencial y no cuenta con una evaluación que lo respalde. Conocer la calidad permite identificar el mercado adecuado y buscar al comprador dispuesto a pagar lo justo.”
Esta evaluación puede ser realizada por el propio caficultor, si cuenta con formación, o por un profesional especializado. Lo importante es que el productor conozca el valor de su cosecha antes de negociar, ya que al comercializar microlotes de forma directa, puede obtener entre $20 y $100 adicionales por quintal en lugar de vender toda la producción a granel.
Los expertos recomiendan que cuando el caficultor no tenga los conocimientos o técnicas adecuadas para calificar su producción por razones económicas, de tiempo, distancia u otras circunstancias, lo esencial es que recurra a profesionales capacitados que evalúen el grano antes de venderlo.
La labor de IHCAFE para acortar la brecha
Honduras ya cuenta con una base de profesionales preparados. Un ejemplo es la participación de 50 catadores en el primer curso global de Evaluación del Valor del Café (CVA, por sus siglas en inglés). Para el caficultor que no puede completar una formación, este grupo de catadores representa una vía para reconocer la calidad del grano, detectar oportunidades de mejora y realizar una negociación basada en criterios profesionales.
A esta labor se suma la atención descentralizada de los centros regionales, cuyo objetivo es acercar la asistencia técnica a las zonas productoras, en estos espacios se orienta a los caficultores sobre manejo de finca, calidad, renovación de plantaciones y adopción de mejores prácticas.
Además, el Ihcafe impulsa desde 2023 la Estrategia Renovar sin Dejar de Producir (ERSDP). El modelo busca que el caficultor renueve de manera gradual las áreas envejecidas o de baja productividad sin detener por completo la generación de ingresos de su finca. Para ello, promueve la adopción de tecnologías mediante 261 Fincas Vitrinas, utilizadas como campos demostrativos para el intercambio de experiencias entre productores, y la organización de 284 cuadrillas de trabajo operacional.
En ese sentido, Kilgore resalta la importancia de que cada productor tenga conocimientos que le sirvan para no vender su café a ciegas: “Los caficultores deben conocer en la medida de sus posibilidades, las características y el potencial de su producción y cuando no tenga los conocimientos suficientes para evaluarla tener acceso a profesionales que puedan orientarlo.”
Visión a futuro para caficultores hondureños
Si las iniciativas de capacitación y acompañamiento a cada productor logran ampliarse durante los próximos cinco años, se reduciría la brecha estimada de L1,000 a L2,500 por quintal y permitiría que una mayor proporción del valor generado por las exportaciones regrese directamente a los productores, fortaleciendo sus ingresos y la sostenibilidad de las fincas.
El conocimiento de la calidad del café no exige que todos los caficultores se conviertan en catadores profesionales, pero sí que ninguno venda a ciegas.
“La catación es el paso posterior a que en la finca realicen buenas prácticas... porque lo primordial es que tenga un buen proceso en finca” aclaró Karla Calidonio, gerente de promoción y consumo de Ihcafe.
Formarse o buscar la evaluación de especialistas permite clasificar el café y negociar con mayor respaldo. Al combinar una cultura de calidad a través de la asistencia de los centros regionales y las iniciativas mencionadas, Honduras puede avanzar de la venta por volumen hacia el reconocimiento del valor real del grano y generar condiciones más equitativas para las familias productoras.