San Pedro Sula, Honduras.- Brasil cerró el 4 de octubre la primera vuelta de unas elecciones presidenciales en las que la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una amenaza emergente para convertirse en una herramienta recurrente de la comunicación política y la desinformación.
El senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL) e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo 47.03% de los votos válidos, mientras el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), alcanzó 45.16%. Ninguno superó el 50%, por lo que volverán a enfrentarse en segunda vuelta.
Pero detrás de la disputa electoral quedó otro fenómeno: una campaña en la que fueron fabricados digitalmente votantes, declaraciones, apoyos políticos, periodistas y acontecimientos que nunca existieron.
El proyecto VigIA de Agência Lupa identificó 920 publicaciones políticas generadas o manipuladas con IA entre el 16 de agosto y el 28 de septiembre: alrededor de 20 por día, prácticamente una cada hora.
De ellas, 554 —el 60%— fueron deepfakes, contenidos capaces de hacer aparecer a una persona diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió. Y seis de cada diez publicaciones con IA circularon sin advertir al usuario que habían sido creadas o modificadas artificialmente.
Votantes que nunca existieron
Una de las manifestaciones más particulares apareció en TikTok. Una investigación de Aos Fatos identificó al menos 50 videos protagonizados por supuestos ciudadanos brasileños que declaraban su intención de votar por Lula o Flávio Bolsonaro.
El problema era que ni los entrevistadores ni los electores eran reales.
Los personajes habían sido creados mediante IA para reproducir el formato tradicional de entrevistas callejeras. Algunos elogiaban las políticas sociales de Lula; otros presentaban a Bolsonaro como una alternativa frente a la corrupción y la delincuencia. En conjunto, los 50 videos acumulaban 7.4 millones de visualizaciones en TikTok.
La fabricación no se limitó a ciudadanos comunes.
El monitoreo de Lupa encontró deepfakes de periodistas brasileños presentando encuestas electorales inexistentes, celebridades respaldando candidatos y escenas de campaña que nunca sucedieron. Al menos 30 deepfakes utilizaron la imagen de periodistas de TV Globo, entre ellos César Tralli, William Bonner y Renata Lo Prete.
También circularon imágenes y videos sintéticos para promover o atacar directamente a los candidatos. Lula apareció en 379 contenidos detectados por VigIA, mientras Flávio Bolsonaro figuró en 190.
En el caso del mandatario, 34% buscaba atacarlo; entre las publicaciones protagonizadas por Bolsonaro, 40% pretendía favorecerlo.
La IA incluso fue utilizada para fabricar falsos respaldos internacionales. Factchequeado y Aos Fatos documentaron contenidos que simulaban, entre otros casos, el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump a Flávio Bolsonaro.
Una prohibición difícil de entender
Brasil llegó a las elecciones con normas para intentar frenar estas prácticas. El Tribunal Superior Electoral estableció criterios específicos para los deepfakes y exige identificar el uso de IA en propaganda electoral.
Sin embargo, el origen de buena parte del contenido muestra la dificultad de aplicar las reglas. Agência Brasil reportó que 525 publicaciones falsas fueron difundidas por usuarios comunes, muchos anónimos, mientras que solo 371 de los 920 contenidos con IA analizados estaban correctamente identificados como artificiales.
La primera vuelta terminó, pero no la campaña. Brasil entra ahora en una nueva fase electoral con Lula y Flávio Bolsonaro separados por menos de dos puntos porcentuales y con una tecnología que ya demostró su capacidad para fabricar no solo declaraciones o imágenes falsas, sino incluso la apariencia de apoyo ciudadano espontáneo.
Lo que dejó el 4 de octubre es, por tanto, una advertencia para la segunda vuelta: en las redes brasileñas, hasta el votante que habla frente a una cámara puede no existir.