Google realiza importantes cambios en Gmail tras dos décadas

La inteligencia artificial de Google activa nuevas funciones automáticas y obliga a millones de usuarios a tomar una decisión incómoda por su control y privacidad.

  • Actualizado: 20 de enero de 2026 a las 12:04 -
Google realiza importantes cambios en Gmail tras dos décadas

Durante más de veinte años, el correo electrónico de Google apenas había cambiado en su funcionamiento esencial. Eso acaba de terminar.

La compañía ha confirmado la integración profunda de su inteligencia artificial Gemini en Gmail, un movimiento que afecta directamente a la forma en la que más de 3.000 millones de personas gestionan sus correos desde hoy mismo.

No es una mejora estética ni una función opcional sin impacto. Gmail empieza a leer, resumir, priorizar y redactar correos por el usuario, lo que introduce un cambio estructural en una herramienta crítica para trabajo, gestiones personales y comunicaciones sensibles. Y con ese cambio aparece una decisión que ya no se puede posponer.

La nueva capa de inteligencia artificial transforma la bandeja de entrada en un panel de tareas. Gmail identifica correos urgentes, facturas próximas a vencer o mensajes pendientes y los coloca en primer plano sin que el usuario los busque.

Además, el sistema permite hacer búsquedas complejas en lenguaje natural. Basta describir lo que se recuerda vagamente para que la IA localice conversaciones antiguas, presupuestos o contactos enterrados entre miles de correos.

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La redacción asistida deja de ser una sugerencia genérica. Gmail adapta las respuestas automáticas al tono habitual del usuario, imita su estilo y genera textos completos a partir de una instrucción breve.

También revisa y reescribe correos ya redactados, ajustando estructura, claridad y registro. En la práctica, una parte creciente del correo electrónico deja de estar escrita directamente por la persona que lo envía.

El problema no es solo tecnológico, sino estructural. El correo electrónico es un sistema diseñado hace décadas, sin cifrado integral ni controles pensados para inteligencia artificial que analiza contenidos en profundidad.

Para que estas funciones existan, la IA necesita acceder al contenido de los correos. Eso coloca a los usuarios ante una disyuntiva real: aceptar la comodidad de la automatización o limitar funciones para preservar el máximo control sobre su información.

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