Moisés Duarte Jr.: “Tengo la certeza de que para esto nací y por esto quiero vivir”

A sus 22 años, el artista hondureño Moisés Duarte Jr. transforma las experiencias de su vida en música mientras fortalece su carrera artística en Estados Unidos

Moisés Duarte Jr.: “Tengo la certeza de que para esto nací y por esto quiero vivir”
Minnesota, Estados Unidos

A sus 22 años, Moisés Duarte Jr. lleva consigo las raíces de Siguatepeque, Comayagua, mientras construye una prometedora trayectoria musical lejos de Honduras. Radicado en Minnesota, Estados Unidos, el joven artista ha pasado por escenarios, aulas y experiencias internacionales que han transformado su manera de comprender el arte y el mundo.

Ganador de la primera edición del Festival Nacional de la Canción en 2022 con "No Debí", Duarte estudia música en St. Olaf College y ha ampliado su formación con programas en Berklee College of Music y Harvard Kennedy School. En esta conversación, el hondureño recuerda sus primeros pasos, habla de la migración, sus maestros y revela los ambiciosos proyectos con los que busca continuar llevando el nombre del país a nuevos escenarios.

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Para quienes aún no conocen tu historia, ¿cómo fueron tus inicios en la música y cómo nació esa pasión por el arte?

Vengo de una familia de amantes del arte y todas sus expresiones. Tuve el privilegio de contar con el apoyo incondicional de mis padres y de mi familia entera. No obstante, la música era un hobby; yo, en realidad, quería ser médico. Durante muchos años me dediqué a serle un fugitivo a la música. Me daba miedo la idea de dedicarme a algo tan incierto, tan frágil; todas esas preocupaciones fundadas (especialmente en Honduras). Pero, por más que yo intentaba racionalizarlo, nunca pude desprenderme completamente de la música; era como ese visitante insistente al que uno le abre la puerta “por cortesía” y termina dejándolo vivir en la sala.

Siempre sentí una fascinación embriagante por la música clásica. Mi papá tenía una colección gigantesca de vinilos que, en mi adolescencia, se convirtió en una especie de archivo sagrado. Yo los escuchaba con una devoción insaciable, casi arqueológica. Así descubrí la voz de un “tal” Pavarotti. Desde ahí, todas las piezas empezaron a juntarse solas.

Mis inicios como artista, no obstante, no fueron en teatros con telones de terciopelo rojo, sino (muy honrosamente) en plazas, en actos cívicos o en la casa de mi abuela Ovidia, cantando "La mochila azul", de Pedrito Fernández.

Ganaste la primera edición del Festival Nacional de la Canción en 2022 con "No Debí". ¿Qué significó ese momento para tu carrera y cómo cambió tu vida después de ese reconocimiento?

Después de unos largos dos años extraviado en las selvas monzónicas de la cordillera de Maharashtra, en India, nunca me imaginé que mi regreso a Honduras sería de tal forma. Literalmente, nunca me lo imaginé porque fue mi mamá quien me inscribió al festival. Aún recuerdo cuando mi mamá me llamó para decirme que mi nombre estaba entre los 10 finalistas. Estaba muy alegre, pero también no sabía qué esperar; era la primera edición de un evento de esa escala en el país.

El festival fue una experiencia bellísima, conocí muchos colegas artistas, me reencontré con varios amigos de la infancia y me brindó, a mí y a mis compañeros, una plataforma para promover nuestro arte. Si soy sincero, genuinamente me tomó por sorpresa. La competencia “estaba perra” y, al escuchar el veredicto, me llenó de mucha alegría y satisfacción ver a mi familia, a mis amigos que se vinieron en un “busito” desde Siguatepeque para venirme a apoyar. Me sentí vivo, me sentí yo.

Un recuerdo inolvidable. Al ver atrás a ese momento, pienso en las cosas que han cambiado, en el rumbo que mi carrera ha tomado desde ese momento. Solo puedo sentirme eternamente agradecido con los organizadores del festival por la oportunidad.

Tomaste la decisión de salir de Honduras siendo muy joven para continuar tu formación. ¿Cuáles fueron los principales desafíos personales y emocionales que enfrentaste durante ese proceso?

Te cuento, tuve un programa de televisión muy bonito orientado a escuchar a la juventud, sus desafíos, sus historias. Se llamaba "Frecuencia Positiva" y se transmitía todos los sábados y lunes. Desde esa plataforma hablábamos de arte, de música, de actualidad, pero también de los problemas que atormentaban a la juventud de nuestro país. Desde esa silla me tocó escuchar historias de superación, de éxito, pero también de miedo y zozobra.

La migración masiva no es un fenómeno inédito, pero jamás me imaginé que yo sería parte de ese mismo éxodo al cual yo le daba cobertura. El fallecimiento de mi papá en 2018 fue uno de los detonantes más grandes para decidirme a buscar mejores oportunidades para mí y mi familia. Sabía que si me quedaba en Honduras no iba a poder hacer nada de lo que soñaba. Es esa dicotomía la que nos une a todos los migrantes por el mundo: querés quedarte en tu país, pero quedarte significa eso, quedarte.

Pese a que fue difícil despedirme de mi familia y de la realidad que había construido en mi bello país, en 2020 tuve la oportunidad de viajar a India como candidato del Bachillerato Internacional en el Mahindra United World College de la India, una experiencia que transformaría mi vida para siempre. Fue ahí donde me detuve y dije: vine a este mundo para algo. Me involucré en política global, aprendí muchísimo de todas las personas y culturas que conocí. Empecé a ver el mundo de manera diferente, con otros ojos.

Actualmente estudias música en St. Olaf College de Minnesota y recibiste formación en instituciones como Berklee College of Music y Harvard Kennedy School. ¿Qué experiencias y aprendizajes te han dejado estos años de formación en Estados Unidos?

St. Olaf College me abrió las puertas para su prestigioso programa de música. Fue aquí donde logré expandirme y explorar mi voz como artista. He tomado cursos de conducción orquestal y coral, así como de composición, lo cual no solo me ha expandido como artista, sino que también me ha permitido conocer nuevas personas y músicas a las que no había estado expuesto. Una de ellas es la música coral.

He participado en eventos como el Christmas Festival, que todos los años abre sus puertas al mundo, y este año pasado fue transmitido por televisión nacional. He tenido la oportunidad de ser solista en múltiples ocasiones, la más reciente como Senior Soloist junto a la St. Olaf Orchestra, bajo la dirección del reconocido conductor Chung Park.

He compuesto obras sinfónicas, he escrito versos al aire y he tenido amigos y personas que los interpretan. He sido solista con el Chapel Choir, el cual también presido y estoy profundamente agradecido con la institución.

No obstante, como dije antes, en India despertó en mí un interés por entender el mundo, su gente y sus culturas. Fue así como en 2023 tomé programas de verano en Harvard Kennedy School en Nonprofit Management Studies y en Berklee College of Music en producción musical, orquestación y gestión artística, ambas en Boston, Massachusetts.

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Viajaste con la prestigiosa organización Varna International Music Academy para realizar una gira musical por Europa, ¿cómo describirías esta experiencia?

Fue mi primera cucharada del ámbito musical internacional. Ahí es donde te das cuenta del rigor y el profesionalismo que requiere esta carrera. Estar bajo la batuta de Gregory Buchhalter, director de la Metropolitan Opera, fue algo extremadamente gratificante que requirió mucha preparación, responsabilidad y, sobre todo, humildad.

Al final de una larga faena, ocho ciudades y mucha música, me quedé con una experiencia enriquecedora que me abrió las puertas a diferentes casas culturales europeas. Fue increíble poder llevar el nombre de mi país a todos esos escenarios.

Cuando regresaste a Honduras para impartir clases en la Academia Amorem Artis, mencionaste que "enseñar también te sana". ¿Qué ha significado para ti compartir tus conocimientos con nuevas generaciones de músicos?

Me considero un “deudor vitalicio” hacia mis maestros; pero, en particular, a mi mentora, la Lic. Vivian Aida Castillo de Orellana, mi maestra de coro en el católico Cristo Rey, quien también me abrió las puertas de su academia Amorem Artis para estudiar guitarra y piano.

Fue un “full circle moment” cuando, en 2024, viajé por una temporada a Honduras a impartir clases de interpretación vocal a diferentes estudiantes, a talentosas voces jóvenes que con entusiasmo llegaban todos los días a mis clases. Esa fue una de las experiencias más positivas que he tenido en los últimos años: compartir un poco de lo poco que sé.

¿Cuáles son los proyectos que estás desarrollando actualmente y qué metas te gustaría alcanzar en los próximos años?

Me queda un año en St. Olaf, y lo estoy viviendo como quien entrena para un maratón; sé que al salir de acá me tendré que enfrentar a muchos otros desafíos. Quiero seguir preparándome, mis ojos están puestos en Europa y en Estados Unidos.

Tengo muchos proyectos preparados para este siguiente año, como la segunda edición del Festival de Música Latinoamericana "Raíces", donde funjo como director artístico. Participaré en el 113.º Christmas Fest de St. Olaf College en el Minneapolis Orchestra Hall, para dar cuatro funciones en diciembre. También estoy planeando mi recital como solista, mi recital de graduación y aplicando a festivales alrededor del mundo de música clásica.

No obstante, mi proyecto más ambicioso y que me obsesiona (en el mejor sentido de la palabra) es un álbum solista de música latinoamericana, incluyendo música de México, Centroamérica y Sudamérica, con canciones de la tradición folclórica de estas diferentes regiones, pero también canciones clásicas contemporáneas del repertorio hispano. Aún no tengo fecha concreta para el lanzamiento, los mantendré al tanto.

Moisés Duarte Jr.: “Tengo la certeza de que para esto nací y por esto quiero vivir”

Cuando miras hacia atrás y recuerdas al joven de Siguatepeque que soñaba con dedicarse a la música, ¿qué crees que sentiría al ver todo lo que has logrado hasta ahora?

No te lo voy a negar, esta pregunta me acompaña más de lo que parece, especialmente en los minutos previos a subir a un escenario. Cada vez que canto, ya sea un aria de Rossini o un tango de Gardel, no solo canta el Moisés del excéntrico bigote, sino también el Moisés que creció en el barrio El Centro, el que cantaba en el coro de la iglesia El Carmen; canta también el niño que manchaba pupitres o el que iba a dejar comidas en bicicleta.

El que dudaba, el que tenía miedo de tomarse la música en serio, el que la veía como algo demasiado grande para él. Ese es el que canta. Y todo lo que soy ahora también es parte de esas experiencias. Estoy muy agradecido con todo lo que he visto y vivido, estoy emocionado de todo lo que me falta por cantar. Tenga la certeza de que para esto nací y por esto quiero vivir.

Si tuvieras la oportunidad de enviar un mensaje a los jóvenes hondureños que aman la música, pero sienten que las oportunidades son limitadas, ¿qué dirías desde tu experiencia?

Siempre confiar en uno mismo, saber que uno no lo sabe todo y que la disciplina es tan importante como el talento. Es fundamental formarse, estudiar y entender que el camino artístico requiere constancia y paciencia.

En un país donde las oportunidades son escasas, no queda de otra que ir tras de ellas, ayudarse mutuamente, no ser egoísta. También es importante ser honestos con uno mismo, mantener humildad, no caer en la envidia, saber aprender, saber equivocarse, reconocer errores y seguir adelante.

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Jairo Martinez Garay
Jairo Martinez Garay
Periodista

Periodista de sociales, cultura, tecnología, entretenimiento y espectáculos. Graduado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS). Desde 2022 es parte del equipo de Diario La Prensa para las plataformas multimedia e impreso.

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