San Pedro Sula, Honduras. Hay lugares que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de una ciudad. Un ejemplo de ello es la Plaza Típica, ubicada en el corazón de la capital industrial.
Por cuatro décadas ha sido punto de encuentro, fuente de trabajo y escenario de historias que pasan de una generación a otra.
Fue fundada como la Corporación Redondel de Artesanos, Comidas Típicas y Similares, fundada por iniciativa del Gobierno y la Municipalidad sampedrana. Hoy es más conocida como la Plaza Típica y es manejada por los vendedores.
Inició el 2 de septiembre de 1984 con el único fin de dar a conocer las artesanías hondureñas y las comidas típicas de nuestro país, recuerda el actual presidente de la Plaza Típica, Manuel Valenzuela.
Más de cuatro décadas han pasado desde su fundación y la plaza continúa siendo un pequeño retrato de la identidad sampedrana. Allí conviven la comida tradicional, las artesanías, las conversaciones cotidianas y, sobre todo, el esfuerzo de hombres y mujeres que han hecho de este lugar su fuente de sustento.
Los emprendedores de la plaza han sido un ejemplo de organización y en 42 años han tenido 12 presidentes, entre ellos Roy Mlina, Flora de Fasquelle, Mery Deras, Fausto Milla, Yolanda López, Francisca Padilla, Maria Ester Barahona, Julia Molina, María Ester Mendoza, Blanca Sánchez e Irma Solorzano.
Un legado de generaciones
Actualmente son 63 vendedores los que mantienen viva la actividad comercial de la plaza, de los cuales el 80 por ciento son mujeres. Algunos llegaron cuando el proyecto apenas comenzaba y han permanecido allí durante todos estos años.
Otros recibieron el puesto como una herencia familiar y hoy son sus hijos quienes continúan con el trabajo que iniciaron sus padres.
Detrás de cada puesto hay una historia distinta. Hay vendedores que han pasado buena parte de su vida atendiendo a los sampedranos y visitantes, viendo cómo la ciudad crecía y cambiaba a su alrededor.
Para ellos, la Plaza Típica no es solamente el lugar donde trabajan. Es también un espacio que forma parte de sus recuerdos, de sus familias y de su propia historia.
La plaza es el sueño logrado de un grupo de emprendedores que hace cuatro décadas comenzaron en la segunda calle, entre la tercera y segunda avenida, siempre en el centro de la ciudad.
Con apoyo de los gobiernos de turno lograron obtener un predio en la tercera avenida, entre las calles 2 y 3, donde construyeron la plaza. Allí funcionan tras años de lucha por tener un lugar digno donde atender a los sampedranos ya los turistas.
Muchos de los fundadores apostaron por este sitio cuando todavía no podían imaginar que cuatro décadas después sus puestos continuarían abiertos y que, en algunos casos, serían sus hijos quienes tomarían el relevo.
Cada jornada comienza temprano. Desde las 6:00 de la mañana, los vendedores preparan sus espacios y reciben a los primeros clientes. La actividad se mantiene hasta las 4:00 de la tarde, todos los días.
Son diez horas diarias dedicadas al trabajo y al servicio de quienes buscan comida tradicional, productos artesanales o simplemente reencontrarse con un lugar que ya forma parte del paisaje urbano de San Pedro Sula.
Allí se encuentran desde jugos naturales de todos los sabores y colores, desayunos típicos, baleadas, cerdo horneado, tapado, carne de res asada, pupusas, tacos, chuleta, sopas, pescado frito, hamburguesas y pastelitos.
Hay también un área de artesanía hondureña, ropa bordada y pintada, además de madera tallada y productos elaborados con resina. También se ofrecen accesorios de cuero, bisutería artesanal, sombreros pintados, hamacas, jarrones de barro, licores artesanales y productos nostálgicos.
German Pérez, un sampedrano que siempre visita el centro de la ciudad, dice que en una ciudad que crece aceleradamente, conserva espacios que conectan con sus raíces tiene un valor que va más allá de lo económico.
Preparan gran fiestón
Los vendedores lo saben, pues para los turistas es una parada obligada y todos los días llegan centenares de personas a buscar comida con sabor de casa y gastronomía netamente hondureña.
Por ello se preparan para celebrar por todo lo alto esos 42 años de trabajo, triunfos y alegrías y, sobre todo, de poner en alto el nombre de Honduras, pues algunos artesanos han cruzado la frontera y han viajado a ferias internacionales para representar a los artesanos y las comidas típicas.
Los 42 años no pasarán inadvertidos. Aunque la fecha oficial del aniversario es el 2 de septiembre, los vendedores preparan una celebración para el viernes 4 de septiembre, con una jornada cultural pensada para compartir con las familias sampedranas.
La actividad contará con la participación de la Marimba Usula, además de animación, gastronomía y artesanía, en una jornada que busca celebrar no solamente la permanencia de la plaza, sino también a las personas que durante 42 años han contribuido a mantenerla viva.
Estará presente también el grupo folclórico garífuna y otros invitados que pondrán a bailar a los presentes. Habrá regalos para todos, pasteles y una feria departamental de gastronomía. Los visitantes podrán disfrutar de comidas originarias de los 18 departamentos del país.
Será una oportunidad para que quienes conocen el lugar desde hace décadas regresen y para que las nuevas generaciones descubran un espacio que forma parte de la historia de San Pedro Sula.
El aniversario es más que una celebración: será un reconocimiento a quienes hicieron de este lugar su forma de ganarse la vida y contribuiron a convertirlo en uno de esos rincones que una ciudad termina sintiéndose como propios, un sitio emblemático para los sampedranos.