Estudios revelan que anualmente la población en los bordos incrementa un 10% producto de la migración interna, pero en el bordo del río Blanco, desde el segundo anillo periférico hasta el bulevar del norte, se tardaron apenas tres meses para tirarle relleno, construir covachas, instalar negocios y parqueos...
... En resumen, invadirlo, ante la vista y paciencia de las autoridades.
Lo alarmante es la destrucción del río Blanco, quizá el último que queda en San Pedro Sula, igual suerte padecieron los ríos Sauce y Bermejo, también el Santa Ana y Río de Piedras.
Todos sus cauces se convirtieron en cloacas y drenajes de aguas crudas ante la falta de plantas de tratamiento y asentamientos irregulares.
| Para saber
Según estudios de Hábitat para Humanidad, los problemas que más destacan en estas invasiones en los bordos son el riesgo de los pobladores frente a los fenómenos naturales, insalubridad, marginación social, deterioro ambiental, inseguridad y los daños a los cauces y las obras de protección. El contexto de los bordos es generador de otros riesgos: el económico, social y afectivo, los cuales reflejan la esencia de una miseria propia de una población exiliada en un área con varias expresiones sociales.
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LA PRENSA realizó un recorrido por el último bordo invadido, es un tramo de unos tres kilómetros en la margen izquierda del río; la derecha lleva décadas invadida. La nueva toma comienza desde la colonia El Roble hasta el bulevar que va a Armenta.
La municipalidad hizo el año anterior la ampliación de un carril en ese tramo para que los conductores que van a la prolongación de la avenida Junior y toman esa vía para salir al bulevar del norte no tengan problemas.
Tardó más la alcaldía en construir el alivio que las personas en invadirlo.
LA PRENSA constató que hay varias casas construidas, cultivos, llanteras, car wash, pulperías y hasta armazones de hierro. El daño es grande y siguen afectando el cauce del río. Han construido hasta gradas para bajar al río y la cantidad de ripio, piedras, basura y todo tipo de desechos es impresionante.
“Mire, acá nos han dicho que es prohibido, pero nosotros queremos ganarnos la vida; además, nunca ha venido nadie a decirnos que nos vayamos”, expresó un dueño de car wash que dijo llamarse Abel García. Martín Mayorquín, presidente de la Fundación para el Valle de Sula, explica que el problema es serio no solo en el bordo del río Blanco, sino en otros y cercanos al casco urbano.
Dijo que hace tres años se realizó un foro sobre el tema que reveló que había 14,000 familias en los bordos, pero en tres años la cifra ha subido a 18,000, según Hábitat para la Humanidad.
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“Hemos hecho observaciones a la Gerencia de Ambiente para que coloque rótulos con el objetivo de que se conozcan las prohibiciones. Es necesario tener vigilancia permanente para que se respete el cauce de los ríos”, manifestó.
Mayorquín alertó que en los últimos tres años ha crecido un 30% el número de familias en los bordos, un ritmo de 10% al año, que no se compara con el crecimiento de la ciudad, que es de 2%.
Alberto Benítez, director ejecutivo de Hábitat para la Humanidad, informó que realizaron un estudio, el cual refleja que “la gente fija su residencia en un bordo porque ante la falta de ingresos logra tener una vivienda y ahorrarse costos de alquileres, además de contar con los servicios básicos”.
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Benítez agregó que, conforme al estudio, el ingreso de las personas que residen en los bordos es de apenas 2,000 lempiras mensuales y buscan como estrategia ahorrarse costos para lograr sobrevivir.
“El tema de crearle oportunidades a la gente permitiría la gobernanza sobre esos espacios porque los bordos se expanden, van creciendo y hay que tomar decisiones.
133 asentamientos irregulares hay en el Valle de Sula, siendo San Pedro Sula el municipio con el mayor problema.
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Asimismo, tener la gobernanza, y sobre esta línea ya estamos trabajando”, puntualizó Benítez.