Las encuestas revelan que el 45 % de la gente afirma haber sido infiel alguna vez en su vida. Sin embargo, hay muchísimos que no se atreven a confesarlo.
En toda relación de pareja llega un punto en que nos gana la rutina y el aburrimiento, y desearíamos recuperar la adrenalina y el romance de antaño.
Para que se produzca una infidelidad es necesario que se cumpla la “Regla de las C”: Curiosidad, Calentura y Confidencialidad. El infiel engaña porque puede hacerlo, ya sea porque halló quien busque aventura, porque se dio la situación o/y porque cree que nadie lo sabrá.
Si supiéramos que contamos con confidencialidad absoluta y garantía de que nadie se enterará jamás, todos seríamos infieles. Si no lo somos es para no herir a nuestra pareja. ¡Y porque tampoco es fácil encontrar con quién serlo!
¿Qué busca un infiel?
Para la mayoría de los infieles no interesa tanto con quién poner los cuernos sino el hecho de hacerlo. La infidelidad no tiene nada que ver con lo que la pareja oficial sea, haga o deje de hacer.
El infiel tiene una tendencia a serlo, por un motivo u otro.Los hombres se enamoran de quien tienen más cerca. Que alguien que se quede a tu lado y no se vaya, es sexy, sobre todo si en la pareja ya es absolutamente todo conocido y predecible. ¿Adivina qué tiene ella que no tienes tú? ¡Que no es conocida!
Señales de infidelidad
. El infiel elige sus ropas con más cuidado que antes, hace dieta e inventa motivos para estar cada vez menos tiempo en casa. Jamás tiene hambre, y habla de temas que antes no dominaba. Cambia de gustos súbitamente, se ofende cuando le insinúan que miente y no quiere tener sexo con su esposa.
En temas de ocultamiento los hombres son un desastre: van dejando evidencias por todos lados. Al contrario de lo que pasa con los hombres, una mujer prefiere que su romance quede en la mayor discreción.
Los hombres infieles compensan la culpa con regalos sorpresas y comida cara. La mujer intenta estar más enfurruñada aún, para que él no sospeche de que ella está enamorada y feliz. Los hombres toman la infidelidad como un juego. Las mujeres buscan a alguien que las abrace y las mime.
¿Cómo actuar ante una infidelidad?
Con cautela, pues no se deben tomar decisiones precipitadas. Quien descubre el engaño debe callar, y escuchar qué tiene el otro para decir. Si lo interrogas muy pronto, empezará a mentir. Espera a saber cómo lo explica y ten por seguro que el 80% de lo que te dirá son mentiras, así que ¿para qué preguntar? Con el tiempo acabará diciéndote la verdad.
Pedir perdón es una especie de sucia manipulación post-traición de parte de quien ha cometido la falta. De primeras, sólo es posible dejar pasar el incidente y no seguir hablando de ello. Pero está claro que no se olvida jamás, por lo cual el infiel tendrá que cuidarse mucho más que antes del engaño, para volver a ganarse, aunque sea una parte, de la confianza del otro.
Un matrimonio es un pacto de ayuda recíproca, una sociedad de socorros mutuos. Nadie toleraría hacer una sociedad con alguien que se asocia a otro sin avisarte, ¿verdad? Pues si no lo tolerarías en el mundo de los negocios, muchísimo menos en el mundo de las relaciones íntimas.
Una infidelidad es una burla a la confianza que otro ha depositado en ti y está muy bien no tolerar un engaño. Pero hay que tener en cuenta determinados parámetros: quién eres tú y quién es tu esposo infiel. En el libro digo que está muy bien que te divorcies de un Don Nadie que te ha engañado, pero también recomiendo que si tu marido es alguien de altura, sería mucho mejor que hicieras la vista gorda.
Importante
.La prudencia y la madurez son puntos claves para lidiar la situación, tal como explica Gini, una abogada de 38 años que tras un matrimonio de 12 descubrió que su esposo le era infiel.
“Comencé a sospechar cuando de pronto se tornó callado, reservado y muy poco comunicativo, me preocupé porque le era difícil entablar una conversación conmigo”, dice.
En principio Gini pensó que su compañero tenía problemas de salud o en el trabajo, pero al percatarse de que no era el caso surgió la sospecha de un “hay otra persona”.
Su decisión fue abordarlo de manera directa y sin titubeos: ¿Me estás engañando? De inmediato su esposo respondió con un “no” acompañado de un rosario de explicaciones. “Trató de cambiar, pero no pudo y la situación fue cada vez más insoportable hasta que un día lo escuché hablar por teléfono pidiéndole a su amiga una tregua”.