Pendientes que enmarcan el rostro, collares que estructuran una silueta y anillos con vocación escultórica confirman una tendencia al alza que no responde solo a una cuestión estética, sino a un cambio de actitud: la joya deja de ser un complemento secundario para convertirse en un elemento.
El fin de la discreción silenciosa. Los medios especializados en moda coinciden en señalar un giro claro en la joyería contemporánea. Frente a la hegemonía de piezas delicadas y casi invisibles, las últimas colecciones apuestan por diseños de gran tamaño, formas rotundas y materiales que dialogan con la luz y el movimiento.
No se trata únicamente de exagerar proporciones, sino de recuperar la joya como objeto con peso simbólico. Pendientes XL, cadenas gruesas, collares estructurados y anillos de gran volumen aparecen de forma recurrente en editoriales, pasarelas y estilo urbano, confirman que las joyas no acompañan, sino que definen estilismos. Este regreso al maximalismo conecta con referencias de los años ochenta y noventa, pero se reinterpreta desde una mirada contemporánea, más consciente y menos ornamental.
La joya como declaración. Las piezas grandes y originales permiten construir un discurso personal sin necesidad de recurrir a un vestuario complejo. Una sola joya basta para articular un conjunto completo, algo especialmente relevante en un momento en el que la moda valora la funcionalidad y la versatilidad.
Esta tendencia no es ajena al contexto cultural actual. Tras años de uniformidad cromática y estilística, la joyería recupera su capacidad de contar historias, de conectar con referencias históricas, artísticas o emocionales. El volumen se convierte en lenguaje, y la originalidad en una forma de resistencia frente a la producción masiva.
El regreso del colgante. Entre los motivos más evidentes se encontraba el regreso del collar colgante. Dejando atrás la nostalgia, volvió a la escena como expresión de individualidad. En los desfiles y las fiestas posteriores aparecieron colgantes en cadenas superpuestas, gargantillas finas y cordones esculturales. Muchos diseñadores se inclinan por formas talismánicas: llaves en miniatura, fragmentos de cuarzo, medallones que al abrirse revelaban fragmentos de esmalte o mensajes.
Una tendencia con raíces y futuro. El auge de las joyas grandes y originales no es una moda pasajera. Responde a una necesidad de identidad, de presencia y de narrativa en un momento de saturación visual.
Firmas como Dosprimeras y Lalanne demuestran que el volumen puede interpretarse desde registros muy distintos, pero siempre con un hilo común: la joya como protagonista.
La temporada confirma que el maximalismo en joyería ha dejado de ser una excepción para convertirse en norma. Con geometría, artesanía y carácter, las piezas de gran tamaño reclaman su espacio y redefinen el papel del accesorio en la moda contemporánea.
Cómo combinar joyas grandes
QUE SEAN LAS PROTAGONISTAS: elige una pieza llamativa (aretes o collar) y mantén los demás accesorios al mínimo para evitar el desorden.
MANTÉN LA ROPA SENCILLA: combina collares gruesos con blusas lisas o aretes grandes con peinados elegantes (como un moño engominado) para que las joyas destaquen.
COMBINA TEXTURAS Y TAMAÑOS: combina anillos gruesos con delicados, o pulseras para lograr una estética moderna y elegante, buscando un metal o color común que las integre.
APUESTA POR LO EXAGERADO: Las tendencias incluyen perlas extragrandes, brazaletes esculturales, gargantillas gruesas y broches llamativos sobre “blazers” o cuellos.
EL EQUILIBRIO ES CLAVE: Evita usar un collar y pendientes llamativos a la vez, ya que compiten y ambos se pierden.