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La pandemia abre nuevas puertas a emprendedores en Honduras

Un productor audiovisual famoso después de perder sus contratos ahora hace y vende pizzas. La crisis motiva a los innovadores.

SAN PEDRO SULA.

Gilberto Andrés Elvir tenía las maletas hechas para viajar a Cancún, México, a realizar un nuevo proyecto audiovisual, pero a mediados de marzo, como le sucedió a todos los emprendedores, sus proyectos se le derrumbaron.

Cuando supo que el Gobierno había decretado el cierre de los aeropuertos y había impuesto un toque de queda con el fin de frenar la propagación del covid-19, decepcionado envió un correo electrónico a sus clientes informándoles que no podía salir del país. Ese mismo día le respondieron que el proyecto “estaba suspendido”.

De esta manera, la pandemia le desarmó todo el plan que había estado organizando desde noviembre de 2019 para la soñada estadía de 45 días (con todo pagado) en la playas del Atlántico mexicano.

Por cuenta propia, Elvir, de 34 años, se ha dedicado a producir anuncios para radio, televisión e internet, películas y videos musicales para las canciones de artistas nacionales, como Los Bohemios, e internacionales.

3 claves de una oportunidad
1- Dejar el complejo. Para Elvir, los verdaderos emprendedores no tienen complejos: si ahora está con famosos, mañana puede estar en una cocina haciendo comida para vender, ejemplifica.
2- Salir del área de confort. Este emprendedor cree que muchos colegas no logran superar las crisis porque se mantienen en un área de confort pensando que “solo pueden hacer una cosa”. Deben ser creativos, dice.
3- Aprovechar recursos. Para iniciar un emprendimiento, según Elvir, no es necesario contar con un equipo sofisticado. Con equipo usado y hasta con mobiliario fabricado artesanalmente es realizable.
En Honduras es un productor que goza de reconocimiento por su alto nivel profesional y por el bagaje en el mundo audiovisual, que hasta lo llevó a producir en Roatán el videoclip de la canción Lo poco que tengo (2014), del guatemalteco Ricardo Arjona.

Lamentablemente para Elvir y para todos los emprendedores audiovisuales, en tiempos de pandemia y crisis económica los servicios y productos que venden no son esenciales para vivir y las empresas prescinden inmediatamente de ellos.

“Prácticamente me quedé sin trabajo el primer día que declararon la cuarentena, en el acto. Sobre todos los proyectos que tenía cotizados con diferentes marcas automáticamente llegó el correo diciendo hasta nuevo aviso. Eran proyectos en los cuales había invertido tiempo, creatividad, esfuerzo, reuniones durante meses, esos se cayeron. Esos proyectos no serán retomados porque no es factible tener a 80 personas haciendo un anuncio de televisión”, expresa.

$!Foto: La Prensa

Gilberto Elvir entrega una pizza familiar a una amiga.
Entre las últimas semanas de marzo y primeras de abril se mantuvo confinado con su familia por temor a contagiarse de coronavirus. En ese lapso con su hermano se dedicaron a hacer y comer pizzas.

“Las primeras semanas, como todos los hondureños, dije: ‘esperemos a ver qué pasa. Esperemos a que todo vuelva a la normalidad’. Y luego, un día viendo las noticias, ya teníamos como un mes de estar encerrados, dijeron que esto iba para largo, lo más probable que llegaríamos a fin de año”, relata.

En la medida en que pasaban los días, la incertidumbre crecía y el dinero también se agotaba. Inmerso en esta nueva situación tuvo que abrir los ojos y ponerse en acción para sacar una ventaja económica del encierro que parecía ser eterno.

“No puedo estar encerrado, yo soy hiperactivo. Como ya estaba haciendo pizzas con mi hermano para comer aquí en la casa, una amiga, Daniela Naranjo, me miraba las historias y me decía: ‘qué rico’, ‘yo quiero’, ‘haceme, madame’. Y empecé a vender comida. Prácticamente ella fue mi primera clienta”, dice.

$!Foto: La Prensa

PIZZERíA

De esta manera surgió el nuevo emprendimiento que Elvir, hijo de un profesor universitario, le ha denominado Arthepizza, el cual pretende convertir en un restaurante para 2021.

En los últimos dos meses, en los “días buenos” vende hasta 18 pizzas familiares, de 12 porciones. Ofrece de jamón y peperoni, la suprema “que lleva de todo”, hawaiana, carnívora, vegetariana, margarita, “casi todas las que tiene un restaurante”.

En toda su vida nunca recibió un curso de cocina, pero el deseo de emprender y replantear su trabajo, obligado por la necesidad ocasionada por la pandemia, ha sido suficiente, más L25,000 de inversión, para iniciar su nueva aventura empresarial.

“Nunca recibí un curso de cocina, pero durante varios años hice el programa del chef Armando Moreno. Él aprendía de televisión y nosotros de comida. Él nos decía, esto se debe cortar así, y nosotros le decíamos: ‘eso no se mira bonito, agradable’, y ahí íbamos. Siempre me mantenía cocinando. En la casa cocinaba. Viví un tiempo con unos extranjeros, pasábamos haciendo carne asada. Siempre decíamos: ‘vamos a trabajar y después vamos a cocinar’. Era una costumbre. Hacíamos un anuncio de televisión y al terminar la filmación hacíamos un asado”, relata.

$!Foto: La Prensa

Debido a que apenas comienza el emprendimiento, él utiliza cajas genéricas, sin el nombre de su negocio Arthepizza, para no elevar el precio del producto.
Elvir está gestando un nuevo restaurante en un espacio reducido de su casa, de unos 4 metros por 3 metros, el cual utilizó por muchos años como su habitación. En su interior tiene una estufa, un horno, dos mesas, moldes de diferentes tamaños, palas de madera y botes de vidrio llenos de hongos, aceitunas y otros ingredientes.

Optó por esa pieza de la casa porque, mientras prepara las pizzas, a través de la ventana puede observar la llegada de los taxis a recoger los pedidos que le han hecho por celular.

Además, “no es lo mismo estar trabajando en la cocina de la casa, estar chocando con mi mamá mientras ella cocina su comida, que estar en un espacio donde uno pueda trabajar tranquilo”, argumenta.

Arthepizza, un negocio que camina hacia la formalización en los próximos meses si la situación económica del país lo permite, atrae clientes por medio de las redes sociales (@arthepizza) y toma los pedidos solamente por llamada telefónica.

SIN TEMORES

En esa cocina, el productor cinematográfico vestido con un traje de chef, aunque ningún cliente lo vea, toma entre 10 y 15 minutos para preparar una pizza y entre 20 y 25 minutos en hornear.

Mientras las pizzas están en el horno, Elvir corta un pan en dos rebanadas, calienta la carne, corta rodajas de cebollas y lanza al aceite las papas para armar una suculenta hamburguesa que vende a L150.

Arthepizza, cuyo corazón del negocio son las pizzas, es perfilado por Elvir como un restaurante familiar que ofrecerá suficiente comida para satisfacer el hambre y venderá a precios intermedios frente a la competencia.

Cuando la humanidad haya superado la pandemia y el país recupere la economía, Elvir volverá a realizar producciones audiovisuales, pero serán un complemento del negocio que desde ahora pretende consolidar con el apoyo de familiares, amistades y clientes.

Para Elvir, que comenzó haciendo las pizzas con ingredientes comprados en la pulpería y sobre una mesa fabricada por él mismo, la pandemia le “botó todos los proyectos”; pero al mismo tiempo le “abrió una nueva oportunidad que nunca había pensado”. “Hasta principios de marzo no pensaba que viviría de hacer pizzas”, dice.