Mientras unos agroempresarios, sea de manera organizada o individualmente, se dedican al cultivo de granos, legumbres, lácteos, frutas, tubérculos, otros optan por adquirirlos en el extranjero para su reventa en el mercado nacional, lo que implica fuga de divisas.
En ocasiones, debido a fenómenos climáticos: sequías, exceso de lluvias, plagas, las cosechas resultan insuficientes para abastecer las demandas de los consumidores, lo que requiere y justifica las compras en el exterior. Empero, no siempre ese es el caso.
El meollo de esta problemática radica en que no hay un equilibrio entre las tierras cultivadas para el mercado interno y las destinadas para el internacional.
El caso más dramático se ubica en el arroz: debido al tratado de libre comercio suscrito entre los Estados Unidos y las naciones centroamericanas, muchos productores hondureños han abandonado tal rubro ante la evidente asimetría existente entre los agronegocios y granjeros de la Unión Americana, receptores de subsidios gubernamentales, y los hondureños, que no gozan de similares ayudas oficiales, lo que hace imposible el poder competir en condiciones favorables.
También en otros sectores se dan situaciones de desigualdad: maíz, frijol, papas, siendo el más reciente el de los cultivadores de cebolla, que en señal de protesta bloquearon la carretera que conduce al oriente del país.
Se requiere de la intervención oficial para convocar en la mesa negociadora a productores con importadores, fijando cuotas que, de manera consensuada y equitativa, logren encontrar el punto de equilibrio entre ambos.
La coyuntura obliga al intervencionismo, mediar y alcanzar soluciones duraderas que tomen en cuenta los pros y los contras de los argumentos expuestos por cada una de las partes.
También el sector financiero privado debe ser más flexible en el otorgamiento de préstamos con tasas de interés moderadas a los empresarios que requieren de acceso al crédito para emprender actividades agropecuarias, que conllevan riesgos diversos.
Nuestra seguridad alimentaria debe estar incluida con carácter prioritario en la agenda estatal: de por medio está el desarrollo humano de la población, que en su gran mayoría carece del suficiente poder adquisitivo para comprar productos importados.
Ambas partes tienen derecho a desempeñar sus respectivas actividades económicas enmarcadas en un clima de concertación, que implica recíprocas concesiones, tomando en cuenta el interés nacional por encima del grupal.
El consumir lo producido dentro del país reviste carácter prioritario, siempre que lo ofertado posea similar o superior calidad al adquirido en el exterior.