La administración Trump progresivamente endurece las políticas oficiales con respecto a la población extranjera que vive y trabaja en Estados Unidos, lo que impacta negativamente de distintas maneras en ella, que ha llegado a la Unión Americana en búsqueda de oportunidades negadas en sus naciones de origen, sean estas laborales, educativas o bien en pos de paz y seguridad no presentes en sus países.
Ahora deben demostrar que están en situación legal para efectos de enviar remesas a sus familias dejadas atrás. En tal sentido, se impondrá estricta vigilancia y seguimiento a tales envíos monetarios, decisivos para la estabilidad macro y microeconómica de los integrantes del Triángulo Norte: Guatemala, El Salvador, Honduras.
Ahora, el sistema bancario estadounidense y agencias especializadas en el envío de dólares por parte de los migrantes deberán ejercer una verificación más estricta tanto de la identidad como del estatus migratorio de quien gira remesas, al igual que una mayor supervisión, con el propósito de identificar a quienes utilizan sus servicios especializados y se encuentran en situación indocumentada en la superpotencia.
Tal como observa el economista hondureño Wilfredo Díaz, “...si bien es cierto no prohíbe las remesas, sí aumenta el costo regulatorio y el riesgo de cumplimiento de las entidades financieras”, vaticinando que en lo inmediato pueda ocurrir un incremento en los envíos antes de la entrada en vigencia del tal orden ejecutiva, para luego reducirse en volumen, con el consiguiente impacto negativo para las familias y países receptores.
Por otra parte, se solicitará a las personas que aplican por permiso de residencia permanente a no permanecer en Estados Unidos, debiendo regresar a sus naciones de origen para completar el trámite de tal documento, conocido como “green card”.
No se olvide la cruel orden emitida desde Washington, durante el primer período presidencial del actual titular del Poder Ejecutivo, de dividir a familias migrantes indocumentadas, separando a niños, niñas y adolescentes de sus progenitores, disposición implementada de manera no ordenada ni planificada, por lo al presente se ignora en dónde y con qué familias se encuentran en el vasto territorio estadounidense, a las cuales fueron remitidos desde los cruces fronterizos para su temporal hospitalidad, al brindarles techo, alimentación, vestuario durante determinado periodo.
Tal desmembramiento de la unidad familiar ha provocado múltiples consecuencias emocionales y psicológicas para las madres, padres y vástagos.
Tales condiciones son las que deben generar un permanente sentimiento de solidaridad de parte de nosotros hacia nuestros compatriotas que han dejado atrás, temporal o definitivamente, a sus parientes y hogares, para adentrarse en lo desconocido en un afán de supervivencia física y económica, pese a los peligros y acechanzas presentes a lo largo del cada vez más riesgoso periplo, ignorando si lograrán cumplir o no la meta y objetivo.