Desapariciones de personas en el misterio

Las desapariciones de personas continúan siendo una de las heridas más profundas en Honduras

Compatriotas, mujeres, hombres, menores de edad que de un día para otro desaparecieron sin volverse a saber de su paradero. Es un drama que afecta a centenares de familias sumidas en la angustiante incertidumbre respecto a si aún viven o han fallecido, al ignorarse su paradero.

Desde la década de los ochenta a la actualidad, el número de compatriotas cuyo destino permanece sin resolver va en aumento. Durante la vigencia de la Doctrina de Seguridad Nacional, el Comité de Familiares de Desaparecidos en Honduras (Cofadeh) registra 184 hondureños (as) y extranjeros desaparecidos, tanto dirigentes sindicales, agrarios, estudiantes, militantes de izquierda, que luego de ser secuestrados y torturados no se volvió a saber de ellos.

En 1988, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó por primera vez al Estado hondureño por la desaparición de Manfredo Velásquez.

Del primero de enero de 2020 al 30 de abril de 2025, se interpusieron 214 denuncias por desapariciones a nivel nacional, de acuerdo al Ministerio Público.

El 18 de julio de 2020, miembros de la Mara Salvatrucha (MS-13), con uniforme policial, raptaron cinco jóvenes garífunas de la comunidad de Triunfo de la Cruz; desde tal fecha se ignora su paradero.

En 2022, igual suerte sufrió la joven Belkis Molina en La Esperanza, Intibucá. Salió de su jornada laboral en la cooperativa Comlesul y nunca regresó a su hogar.

El mismo año, pero en enero, Angie Peña se desplazó con su familia a Roatán para vacacionar, desapareció sin dejar rastro alguno; existe orden de captura internacional de un ciudadano de nacionalidad estadounidense por tráfico de personas con fines de ser prostituidas, sin haberse aún logrado su detención.

El 19 de julio de 2025, zarparon de la isla de Guanaja para faenar 18 marinos; el último contacto mantenido con ellos fue el siguiente día, ubicándolos 269 kilómetros al noreste del cabo de Gracias a Dios. Los operativos de rastreo por parte de la Fuerza Aérea y la Fuerza Naval de Honduras, tanto en la zona costera como en alta mar, no arrojaron ningún vestigio ni de la tripulación ni de la nave.

A todos estos casos aquí incluidos deben agregarse aquellos compatriotas migrantes que se marcharon con rumbo hacia Estados Unidos de América y durante su recorrido por territorio mexicano no se volvió a saber de ellos. Sus madres se han desplazado a dicha nación norteamericana en un fallido intento por recabar información respecto a su existencia o deceso, sin obtener respuestas fidedignas por parte de las autoridades mexicanas.

Preguntas comunes a todos estos casos se resumen en: ¿permanecen con vida o han fallecido? Si están vivas, ¿en qué condición se encuentran? El silencio hermético y la impunidad son la única respuesta a sus múltiples y dolorosas interrogantes.

Los recursos investigativos de las autoridades hondureñas resultan insuficientes para poder dar respuestas ciertas y definitivas a esas preguntas, careciendo de adecuado personal investigativo para tal propósito, siendo necesaria la cooperación internacional de agencias especializadas, mientras se logra capacitar y proveer de recursos suficientes a los organismos policiales locales.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias