Un libro de Isabel Díez Ménguez

La investigadora española Isabel Díez Ménguez publicó el Diccionario bio-bibliográfico del teatro hondureño, una obra que rescata y documenta la historia y principales figuras del teatro nacional

Circula en España el Diccionario bio-bibliográfico del teatro hondureño con la autoría de Isabel Díez Ménguez, con el respaldo de la editora Peter. Isabel es profesora de la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Filología e hizo estancias de un mes de duración en Tegucigalpa para las investigaciones sobre el teatro en Honduras que condujeron a la preparación del libro que comentamos.

Isabel es además una intelectual que se ha encariñado con Honduras, en donde se le ha galardonado al incorporarla como Académica Correspondiente de la Academia Hondureña de la Lengua. En la ceremonia de incorporación leyó su extraordinario trabajo de investigación: Análisis bibliográfico del Teatro Hondureño: de lo clásico a la innovación. Este trabajo puede ser consultado en la revista de la Academia de febrero a octubre de 1924. En esta misma revista, Isabel ha publicado un importante trabajo en homenaje a una de las figuras fundamentales en la literatura contemporánea de Honduras y del teatro con su participación como autor y como actor.

Me cuenta mi primo Marco Tulio Mejía que en una ocasión cuando se ensayaba una obra bajo la dirección de Andrés Morris Bermúdez en la entonces Escuela Superior del Profesorado, el director hacía repetir, insatisfecho y sin lograr el resultado esperado, a un actor el balido de una cabra. De repente, uno de los chicos que observaba el ensayo se paró y reprodujo el balido que Morris ansiaba. Todos se volvieron hacia él: era Eduardo Bähr recién llegado a Tegucigalpa. Ese balido le permitió recibir una beca de estudios en Letras e incorporarse en el grupo teatral.

El teatro es uno de los géneros literarios que ha aportado importantes logros en el avance del desarrollo cultural de Honduras.

Los mayas cultivaron el teatro. Los cronistas e historiadores informan que los precolombinos tenían un teatro de buena calidad. Hernán Cortés y Fray Bernardino de Sahagún hablan del teatro de los Náhuatl, al que atribuyeron fines educativos y recreativos. Fray Diego de Landa en su Relación de las Cosas de Yucatán nos cuenta: «Los indios tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes que representan con mucho donaire; tanto que [a] estos alquilan los españoles para no más que vean los chistes de los españoles que pasan con sus mozas, maridos, o ellos propios, sobre el bien o mal servir, y después lo representan con tanto artificio como [los] curiosos españoles». El Rabinal Achí es la única pieza teatral que conocemos de los mayas. Era representado hasta principios del siglo XIX.

El teatro en español en Honduras lo introdujo el padre José Trinidad Reyes en el ejercicio del sacerdocio en Tegucigalpa. Escribió y representó sus famosas Pastorelas, apreciadas por Menéndez y Pelayo, como “la interesante prolongación, en pleno siglo XIX, de los viejos ‘autos de Navidad’, cuya existencia en Castilla consta desde el siglo XIII”.

Isabel agrupa los escritores de teatro hondureño en forma alfabética. El libro es un diccionario. Hizo, realmente, un trabajo exhaustivo buscando en la Biblioteca de la Unah, en su Colección Hondureña, en la Biblioteca Nacional, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, en colecciones privadas en conversación con los más importantes dramaturgos y actores en Honduras entre quienes se cuentan Eduardo Bähr, Alma Caballero, Mario Jaén, Rafael Murillo Selva, Isidro España, entre otros.

Isabel divide el enfoque del teatro en Honduras en dos épocas muy definidas: la época clásica y la época de la innovación. Pero al revisar la lista de nombres de hondureños ligados a la producción teatral me quedo sorprendido de cómo pudo desenterrar tanto nombre, tantas obras, tanta información, tantos escritores hondureños que destacaron en otros géneros y aventuraron en el teatro como Jorge Fidel Durón, Ramón Amaya Amador, Óscar Acosta, etc.

En torno a los años previos y posteriores a 1970 había en Tegucigalpa una importante actividad teatral impulsada por Francisco Salvador, Santiago Fernández Toffé, Andrés Morris Bermúdez y Mercedes Agurcia Membreño. Tenían los grupos teatrales el respaldo de instituciones privadas como el Banco de El Ahorro Hondureño y de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán.

Había varias salas de teatro y contaban con muy buena asistencia. Francisco Salvador y Alma Caballero se cuentan entre quienes hicieron publicaciones sobre el teatro en Honduras y una antología.

Felicitaciones a Isabel Díez Ménguez por esta portentosa y útil obra.

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