Trabajo: Entre sindicato y algoritmo

Durante más de un siglo, el conflicto laboral fue tangible. Había fábricas, obreros, jefes visibles y sindicatos

  • Actualizado: 02 de mayo de 2025 a las 00:00 -

Durante más de un siglo, el conflicto laboral fue tangible. Había fábricas, obreros, jefes visibles y sindicatos fuertes que operaban como contrapeso. Era el tiempo del “sindicato de hierro”: estructuras colectivas, locales, capaces de negociar convenios, organizar huelgas y equilibrar la relación entre capital y trabajo.

Ese modelo funcionó mientras el trabajo fue físico, concentrado y vertical. Pero el mundo cambió. Y con él, el trabajo se volvió invisible.

Hoy, millones de personas trabajan en condiciones completamente distintas: desde casa, sin contrato, para plataformas digitales que operan sin domicilio en el país. Sus ingresos dependen de algoritmos que asignan tareas, evalúan rendimiento y sancionan sin explicación.

Ese trabajador ya no tiene jefe humano directo. No sabe por qué lo desactivaron de una app. No tiene sindicato, ni asamblea, ni comité que lo represente. Y, sobre todo, no tiene dónde protestar.

Lo que antes se resolvía en una fábrica, hoy se decide en un servidor. Y ese servidor no responde peticiones ni admite negociaciones.

La relación laboral ha cambiado de forma más rápido que la capacidad legal de comprenderla. En América Latina, menos del 10% de los trabajadores de plataformas están organizados sindicalmente. No por apatía, sino porque la lógica de representación colectiva está diseñada para otro siglo.

Frente a este escenario, debemos preguntarnos si estamos dispuestos a construir una nueva forma de defensa. Porque el trabajo sigue existiendo, pero ya no está anclado a un escritorio, a un horario, ni a una planta industrial.

Si en el siglo XX el sindicato fue una herramienta política, en el siglo XXI deberá ser una plataforma, un código ético, una inteligencia colectiva que actúe desde lo digital.

Porque hoy, el poder que amenaza los derechos laborales ya no tiene rostro, pero sí impacto. Y si no lo enfrentamos con nuevas herramientas, estaremos dejando al trabajador solo ante un sistema que no lo ve.

Ignorar esta transición es un error costoso. El trabajador de hoy ya no está solo entre máquinas o sindicatos: está atrapado entre reglas que caducan y algoritmos que mandan. Si no actualizamos la forma de defenderlo, quedaremos organizando el pasado mientras el futuro ya decidió.

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