Cuando logramos asignarle un lugar a cada cosa y respetar el objetivo que tiene cada lugar, tal vez recuperemos un poco ese equilibrio que tanta falta nos está haciendo en los tiempos que corren. Ni que decir de colocar a cada persona en el puesto que le corresponde, pero de eso podemos ocuparnos en otro artículo.
Las llaves en la mesita de la entrada o el llavero colgado en la pared, un cajón solo para calcetines, trastes sucios en el fregadero (no debería existir otro lugar para ellos), el control remoto al lado del televisor, las plumas y lápices en el lapicero, la ropa sucia en la cesta correspondiente, los zapatos en la zapatera. Organización.
Organizar la cartera, las carpetas en el celular y la computadora, la despensa, el clóset. Paz mental.Y si lográramos, además, utilizar los espacios para los objetivos que tienen designados, quizás podríamos atraer la energía correcta de una vez por todas.
¿Por qué es que, y desde hace ya demasiado tiempo, estamos comiendo en el dormitorio? La mesa del comedor la usamos para trabajar o para realizar nuestras tareas del colegio o de la universidad. Y muchas veces usamos la sala de estar para dormir.
Y desde hace muy poco usamos casi que cualquier lugar para comer, siempre y cuando podamos ver videos en el celular mientras lo hacemos. Lo cual, a su vez, hace que ganemos peso sin siquiera darnos cuenta. En otras palabras, estamos involucionando. Porque el ser humano no se queda estático: o avanza o retrocede. Pero tampoco quiero desviarme aquí.
Jay Shetty, licenciado en Negocios, podcaster y escritor británico, nos cuenta que, mientras estuvo en el monasterio (en su juventud estudió y pasó mucho tiempo con monjes hindúes, al punto de convertirse él mismo en uno), mientras estuvo sumergido en ese mundo espiritual, aprendió que los espacios tienen su propia energía. Citando textualmente sus palabras: cuando hacemos algo en el mismo espacio todo el tiempo, la energía de ese ejercicio queda “grabada” en ese espacio. Y de ahí todo el trastorno que estamos experimentando. Porque comemos donde deberíamos dormir, trabajamos donde deberíamos comer y dormimos donde deberíamos trabajar. Y ahí la razón por la que nos cuesta concentrarnos cuando trabajamos y dormir, aunque estemos cansados. Porque la energía que sostiene ese espacio que hemos creado no lo permite.
Tiene tanto sentido cuando lo analizamos. Y por eso seguiremos citando y dándole la razón a Edward O. Wilson cuando nos asegura que, si estamos tan mal, es porque estamos viviendo con un cerebro reptiliano, instituciones del Medioevo y tecnología de dioses.Entonces, y por supuesto, el gran desafío sigue y seguirá siendo... recuperar el tan ansiado equilibrio.