¿Se conformará usted con una lejana estrella?

Un publicista canadiense convirtió una idea insólita en un negocio millonario al vender certificados de propiedad de estrellas, una historia que deja una reflexión sobre la diferencia entre soñar y actuar

Ivor Downie fue un publicista canadiense que en el año 2000, con una tremenda imaginación para los negocios tan grande como su ambición de ganar dinero, puso en práctica una idea que le resultó muy redituable: ¡vender estrellas!

Fundó una agencia a la que pomposamente llamó “Star Registry”, traducida como “Registro de Estrellas”.

Y desde Toronto, Canadá, por solo 30 dólares, extendía títulos que acreditaban a cada uno de sus clientes como propietario de una estrella.

Claro que nadie tomó posesión real de su compra.

Pero la gente sentía simpático exhibir en una pared de su casa, nítidamente enmarcado, un certificado que decía: “Esta estrella llevará su selecto nombre a perpetuidad y estará registrada como tal en nuestros archivos”.

Sus anuncios eran muy llamativos; prometían al posible comprador tener algo en común con la difunta princesa Diana o el cantante Engelbert Humperdinck, en honor de quienes ya había bautizado algunas estrellas.

El pago se hacía por lo común con tarjeta de crédito.

Y puede asegurarse que fueron muchos aquellos que se apresuraron a contestar los anuncios tratando de asegurar la propiedad de un pequeño astro en este inmenso universo.

Seguramente usted estará de acuerdo conmigo en que, aparte de ser un lujo un tanto estrafalario, y quizá un detalle de pintoresco humor, no dejó de ser un sueño sin muchas posibilidades.

Pero si usted es observador, podrá encontrar gente que sueña con algo que no intenta realizar jamás.

Soñar, crear con nuestra imaginación en aquello que nos gustaría que ocurriera, es algo altamente deseable.

Sin embargo, si ese sueño es de esos que valen la pena, ¿valdrá también esforzarnos y trabajar para realizarlo?

La verdad es que nadie pasó a la historia por aquello que pensó hacer, sino por lo que realizó.

Fue John M. Hay quien nos dijo: “En este mundo las cosas no suceden; alguien las provoca”.

LO NEGATIVO: Conformarnos con el sueño irrealizable, aunque sea grato, de poseer una estrella lejana e inalcanzable.

LO POSITIVO: Ser la clase de gente que provoca que las cosas sucedan. Actuar, tomar posesión de nuestros anhelos, materializándolos.

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