He estado 49 días fuera del país. Atendiendo asuntos de salud y acompañando la operación de nuestra nieta Emma en un hospital de Barcelona.
He leído mucho, reflexionado y oído cosas nuevas en conversaciones; o conferencias. Por supuesto, el tema es siempre el mismo: Honduras. La pregunta inevitable es ¿por qué no hemos roto el circulo vicioso de la pobreza, fortalecido la democracia y logrado un desarrollo similar al de Costa Rica?
Tengo una primera conclusión: contamos un pueblo que carece de espíritu comunitario que le cuesta cumplir la ley. Prefiere el arreglo irregular, el favor, la recomendación, la compraventa de opiniones, el trafico de los halagos; y, últimamente hasta hablar con los animales, como los niños con su “amigo secreto”.
Dionisio de Herrera, según Oquelí, se quejaba de la falta de “espíritu de servicio publico”.
La población no acepta que es parte del Estado, que es suyo; y que no se debe hacer trampas así misma. Muy pocos quieren pagar impuestos, porque por falta de control ha enriquecido a una elite extractora y corrompida. Consolidando dictaduras. Por ello, creen que el Estado es de otros; y que por viveza, esta obligada a buscar la forma de participar en el reparto. Los políticos por medio del subsidio han enseñado las virtudes de la dependencia y el engaño.
Hay que destruir todo,-- dicen -- especialmente lo publico, -- porque no es de nadie-- y hay que entrar a la rebatiña, destruyendo todo. La democracia --asumen-- es igual a elecciones. Las ven como fiesta. Para venderse. No como expresión de su poder para decidir y nombrar a los gobernantes. Entre seguridad, protección y democracia, prefieren las primeras. Hay disposición a apoyar a los caudillos, a los fuertes, altos y mentirosos. Si usan sombrero y montan caballos de raza, mejor.
Pero lo peor, no creen que hay que cumplir la ley. Desde pequeños, han sido sometidos por un padre irrespetuoso que impone arbitrariedades, golpea a las mujeres y grita cuando se emborracha. Por ello después de los 15 años la mayoría de los jóvenes, dejan sus casas.
Y los mas bravos e inteligentes emigran hacia Estados Unidos. Los que se quedan descubren que a los que cumplen la ley, no les va bien. Y los exitosos, ha oído que se pasan la ley por donde la espalda pierde su dignidad. Y cuando anda armado, dispara en contra de todo, especialmente a las señales de transito; u otra cosa que sea propiedad municipal o nacional. Cuando compra un bien, quiere hacer sufrir a los demás.
Niega derechos al prójimo. Enronquecido le mienta la madre a cualquiera solo porque le ha rebasado en una solitaria carretera. Inseguro, se ofende por cualquiera mala mirada; y, tiene poca fidelidad. Y últimamente, busca el éxito sin hacer esfuerzos, porque cree que todo se lo tiene merecido; y no le teme al delito porque sabe que de la cárcel se sale. De la tumba no.
Y si se hace autoridad, compra una moto o un automóvil, se cree superior. 3.000 policías han sido destituidos por mala conducta. Motocicletas choquen entre si. Agentes de transito destruyen las patrullas policiales.
En general, la autoridad vende favores: los narcotraficante lo saben. Y cuando los vendedores de privilegios, son encarcelados, a la salida los pueblos celebran su viveza. Ardón de Copan cuando regrese de N.Y. le erigirán estatuas y pondrán su nombre a muchas escuelas rurales. Los periódicos, le dan la primera página a los delincuentes. Hay poco respeto por las víctimas.
Con este “pueblo” no nos desarrollaremos. Tenemos que formar otro hondureño con carácter, fuerza, imaginación y sentido del honor. No hay otro camino.