Otra forma de buscar el desarrollo

La pobreza en Honduras es resultado de la falta de trabajo y planificación, advierten expertos, quienes llaman a los ciudadanos a asumir la responsabilidad de su propio desarrollo y del país.

La pobreza es fruto de la incompetencia de los hondureños. Echarles la culpa a los españoles, a la religión católica, al imperialismo, al banano o a las remesas es una estupidez. Los resultados económicos, crecimiento desordenado de las ciudades, el gigantismo burocrático y el menosprecio de la iniciativa particular, embobados en una falsa superioridad de los Gobiernos para darnos un mejor nivel de vida, es un error que debemos erradicar de la mente colectiva.

Hay que reconocer que hemos hecho las cosas mal. Que no hemos trabajado lo suficiente y que los administradores escogidos -por error selectivo o por falta de vigilancia- son responsables de que 7 de cada 10 hondureños vivan en la pobreza y la miseria.

Esta es la hora de rectificar. El momento de construir un nuevo relato del futuro nacional. De construir una mejor visión de nosotros mismos y creer que en el futuro tenemos oportunidades de acuerdo con los esfuerzos realizados. Hay que dejar de pensar que el Gobierno es el constructor del bienestar o que los políticos son los dueños de nuestra voluntad. Debemos aceptar que nadie hará por nosotros lo que cada uno debe hacer buscando resultados en la vida personal y pública.

Tenemos recursos naturales suficientes. Una población que -mejorada- puede ser la clave del desarrollo. Tenemos en el pasado acumuladas experiencias de lo que nos resultó exitoso. La minería, la ganadería, el banano, madera y el café nos dieron resultados. También la palma africana, las frutas y las flores. Opción inexplorada: energía eléctrica. Tuvimos una red ferrocarrilera efectiva. Contamos con dos accesos marítimos y mercados cercanos. Con compradores de alta capacidad monetaria.

En consecuencia, debemos determinar qué es lo que queremos lograr. En cuánto tiempo y cuáles son las tareas que hay que cumplir para lograr el objetivo de hacer grande a Honduras. Por una sencilla razón: nunca jamás lo ha sido.

Los hondureños debemos creer en nosotros mismos. El sistema educativo y cultural debe prepararnos para mejorar el carácter, aumentar nuestra fuerza para la lucha y el trabajo, y mejorar la habilidad para descubrir dónde están las oportunidades, las rutas adecuadas y los aliados que hay que buscar. Evitando las malas compañías como nos enseñaban nuestras madres cada mañana cuando nos enviaban a la escuela.

Hay que entender que somos parte del mundo. Que hay oportunidades y celadas, trampas y peligros. Que debemos aliarnos con los más amistosos, evitando a los que han mostrado que quieren aprovecharse de nosotros y quieren volvernos sus sirvientes.

El desorden mundial que estamos viviendo, con el irrespeto de las reglas democráticas que se originaron al final de la II Guerra Mundial, es fruto de su abandono. Que China, Estados Unidos, Rusia y la UE se disputan el mundo. Que nosotros no debemos -como sociedad y como Gobierno en representación colectiva- colocar los huevos en una sola canasta, pensando que los liderazgos y las posturas que se manejan ahora seguirán inamovibles.

Lo ocurrido con Trump es una singularidad; no una normalidad. Y como tal, hay que esperar que a más tardar en noviembre de este año la correlación de fuerzas políticas en Estados Unidos se modifique. Y entonces, si hemos optado y nos equivocamos, recibiremos más daños que nunca antes.

Debemos apuntar en términos productivos a asegurar la alimentación de nuestro pueblo. Volviéndonos autosuficientes, seguir haciendo lo que sabemos: cultivar banano, extraer minerales, producir alimentos, participar en maquilas tecnológicas y buscar el ingreso a los mercados. Y para ello hay que vigilar y orientar al Gobierno. Al que el 27 de enero no le daremos un cheque en blanco, sino que tareas concretas cuyos resultados evaluaremos.

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