Nadie puede hacerte más daño...

  • Actualizado: 26 de octubre de 2026 a las 00:10 -

Acabo de sumar un libro más a la fila de cuatro que me esperan para ser leídos. Se trata de las memorias de Sylvester Stallone, titulado Steps en inglés, Escalones, en español.

A pesar de que nunca fui fan suyo, siempre he admirado y reconocido que es un grande, y aprender qué cosas hicieron a un grande siempre va a ser interesante e importante.

Además, puede adivinarse que se trata de un trabajo muy honesto, que se ha escrito desde el corazón, no solamente para compartir tanta y tanta vivencia, sino también para decir todo aquello que no se ha dicho nunca. Y con lo terapéutico que es escribir.

Leyendo una entrevista muy reciente al creador de Rocky, me llama la atención lo duro que es consigo mismo, parecía que aún no se perdona ciertos errores del pasado.

Se nota que no ha logrado soltar algunas cosas que uno pensaría que, a los ochenta y pico de años, ya tendríamos que haber soltado. Pero ya sabemos que nada de esto depende de la edad, sino de otras cosas que no vienen ahora mismo al caso, pero que no por eso son menos importantes, claro. Pero creo que lo que más llamó mi atención fue el resentimiento y el dolor que Stallone siente todavía al recordar a su madre. Y me parece curioso que sea precisamente ese tema el que estemos tocando con mis estudiantes de psicología: la importancia de la presencia, del calor maternal y las consecuencias tan nefastas de su ausencia.

Casualmente, tres de las autobiografías que estoy por comenzar a leer tienen como base, podría decirse, la carencia de la figura materna y, ahora que lo pienso, también de la paterna.Tina Turner, por ejemplo, sufrió el abandono de su padre a muy temprana edad y, poco después, el de su madre. Ambos se fueron, dejándola a cargo de una familia por demás disfuncional, caótica.

Algo parecido sucedió con Paul Donés, vocalista del grupo español Jarabe de Palo, cuya madre se quitó la vida siendo él apenas un jovencito. Similar sufrimiento padecieron Charles Spencer y su hermana Diana cuando su madre decidió abandonar el tormentoso hogar y a sus hijos en él.Todos ellos dejaron en las páginas la forma en la que fueron marcados por esas separaciones.

La madre de Sylvester Stallone no murió ni se fue, pero, según las propias palabras del actor, ella y su padre “aplastaron” su autoestima. Todavía, y a esta edad, sigue preguntándose por qué sus padres no pudieron amarlo. Aparentemente, el protagonista de Rambo pudo hacer las paces con su padre, pero no con su madre, asegurando que “nadie puede hacerte más daño que tu madre, eres parte de ella”.Y Freud descansa satisfecho en su tumba.

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