La conmemoración del Día Internacional de la Educación es el 24 de enero, justo antes del Día de la Mujer Hondureña, que es el 25. A veces, las coincidencias nos dan señales de los pasos que debemos seguir: primero educar, para comprender por qué es importante reflexionar sobre la situación de las mujeres en el país, los avances y lo que aún está pendiente.
Es una fecha que va mucho más allá de la celebración de la feminidad, que solo acentúa estereotipos; es un momento para profundizar sobre los avances en la construcción de una cultura de igualdad de derechos y oportunidades.
La conmemoración del 25 de enero, que nace del reconocimiento del derecho de las mujeres a ejercer el sufragio, en 1955, significa el acceso a la vida pública que transformó la democracia en Honduras.
Las recientes elecciones generales de 2025 nos muestran que hay un avance significativo en la participación de las mujeres en la vida política. El 52% del padrón electoral estaba conformado por mujeres; además, la participación de mujeres para cargos de elección popular también parece ir en ascenso.
Aun con esos avances, la violencia contra las mujeres, especialmente en el ámbito político, también está presente. El Observatorio Político de Mujeres, organización de la sociedad civil, registró 57 casos de violencia política contra mujeres hasta los primeros días de diciembre del año pasado.
La misoginia estuvo presente y lo sigue estando en discursos, mensajes, publicaciones en redes sociales digitales y en las conversaciones cotidianas. Las palabras no se las lleva el viento, sino que dan forma a la realidad y, cuando son hostiles, se convierten en actos violentos.
En ese sentido, aún tenemos mucho camino por andar para sensibilizar y educar a la población en materia de derechos humanos y en la importancia de construir una cultura de igualdad de oportunidades, con respeto para todos.
Por otra parte, hay que destacar que las mujeres en Honduras tenemos algunos motivos que nos hacen pensar en que es posible avanzar hacia una sociedad más equitativa; por ejemplo, las mujeres contamos ahora con mayor escolaridad y con más acceso a la tecnología.
Aun cuando hay algunas mejoras en materia de igualdad de oportunidades, aún quedan pendientes temas estructurales como la violencia de género, la participación en el empleo formal y las brechas salariales persistentes.
¿Hay motivos para celebrar? Quizá a medias, tal vez como una forma de visibilizar una realidad compleja para educarnos en la igualdad de oportunidades como un tema fundamental de derechos humanos, para tomar aliento y continuar trabajando por más y mejores resultados concretos. Más allá de celebrar, vamos a conmemorar.