Cuenta una antigua fábula árabe que cierto día un molinero fue sorprendido por su camello, quien asomó la cabeza por la entrada de la tienda donde su amo descansaba y le dijo con voz suplicante: “Afuera hace un frío terrible; permíteme introducir tan solo mi nariz para calentarla un poco”. El hombre, movido por la compasión, accedió a su ruego.
Sin embargo, en poco tiempo el camello solicitó permiso para meter también las patas delanteras y, poco después, con la misma actitud implorante, hizo lo propio con la joroba y las patas traseras. Antes de que el molinero pudiera advertir lo que ocurría, el animal había introducido todo su cuerpo en el interior de la tienda.
La presencia del camello resultó todo menos agradable para el molinero, quien comenzó a protestar alegando que el espacio era demasiado reducido para ambos. El camello, impasible, le respondió con toda calma: “Si te sientes incómodo, eres libre de salir. Yo, por mi parte, voy a quedarme exactamente donde estoy”.
Reza el dicho: donde se deja entrar al pecado como suplicante, se queda como tirano. El camello no pidió entrar completamente desde el inicio, tan solo su nariz. Así actúan muchas cosas en la vida: un solo trago, una simple imagen, una amistad que no conviene y que no le damos importancia o un mal hábito aparentemente inofensivo. Sin embargo, muchas veces lo que empieza como algo “insignificante” acaba dominándolo todo. El molinero nunca dijo: “Entra completamente”, pero poco a poco fue cediendo. Así funciona la tentación: el pecado primero pide poco, pero al cabo de cierto tiempo comienza a exigir más y más, para que, finalmente termine tomando el control de nuestras vidas.
En el relato, el problema no fue solo el camello, fue la falta de límites del molinero. De ahí la importancia de decir “hasta aquí”, estableciendo límites claros en todo aquello que puede dañar nuestras vidas. Al final de la historia, el dueño terminó siendo invitado y el invitado, dueño. Esto nos invita a preguntarnos: ¿cuántas veces hemos dejado entrar la nariz del camello en nuestra propia tienda, convencidos de que no pasaría nada más?