Jardel Quesada, abogado y empresario

Murió en San Pedro Sula a los 86 años un hombre descrito como creador de empleo, empresario y figura clave en el desarrollo económico de Olanchito y La Ceiba

“Era una llama encendida y el viento la apagó”. Un carácter para la imaginación y la acción.

Solo la muerte lo detuvo. Era un músculo creador, constructor de realidades que el corazón fatigado lo mandó a descansar.

Murió el 19 de mayo en San Pedro Sula. Tenía 86 años. Todos dedicados al trabajo, al servicio de los demás. Con énfasis en la creación de empleo.

Fue bachiller por el instituto Mejía y licenciado en Derecho por la UNAH. Fue juez y ejerció la profesión del derecho con pulcritud y honradez.

Lo conocí desde niño en la comunidad familiar de la ciudad natal. Su padre Fabio Bardales Rivera era hermano de doña Mencha, nuestra madre. Y su madre Lucy Quesada, contemporánea de mis tías, hija de Francisco Murillo, el líder educativo más importante de la cívica ciudad norteña. Vivíamos muy cerca.

Desde los primeros años de nuestra infancia le admiré mucho. Jugaba fuera de casa, pasaba tiempo en el parque Morazán, iba al cine Gardel cuando quería y se acostaba cuando le daba sueño. Lucy, su madre, le tenía siempre la puerta entreabierta.

Al concluir su bachillerato viajó a Tegucigalpa a estudiar en la UNAH en 1962. Es el primer universitario de nuestra familia que siempre creyó en los valores de la educación; pero éramos de los pobres de entonces. Un año después fui el segundo.

Él pudo hacerlo por el sacrificio del tío Fabio y la voluntad férrea de Jardel, que siempre estuvo abierto al trabajo. Yo con una beca. Él se ayudaba trabajando como escribiente en la Corte de Apelaciones. Florencio Puerto lo nombró. Pero como era liberal y votaba por el FRU, los del Frente Unido, dirigidos por Chale Madrid, lograron destituirlo del cargo.

Cuando en 1963 nos vimos, me regaló una camisa de las que no había en Olanchito. Solo me la puse una vez, dijo. La usé con orgullo al regresar de vacaciones.

A fines de 1963 regresamos a Olanchito y, necesitando trabajar, Hernán Posas nos consiguió empleo temporal en el campo Nerones, Isletas como “capitanes de cuadrilla”. Dirigiendo 12 hombres que sembraban varas y amarraban al falso tallo del banano para que no los derribaran los vientos traicioneros.

Una mañana me dijo: hoy no voy a trabajar. Iré a Sonaguera a casarme. Salió caminando y en la tarde regresó. Estoy casado. ¿Y la esposa?, le pregunté: se fue para Olanchito, dijo con mordaz naturalidad. Poco tiempo después se divorció. De aquello, queda su hijo mayor.

Era buen comunicador, pero no le gustaba la oratoria. Tampoco la política. Me admiraba; pero decía “contigo basta”. Graduado, se estableció en Olanchito. Ejerció su profesión.

En 1971 contrajo nupcias con Isabel Martínez Sosa. Establecido y con hijos, mostró su carácter innovador que le permitió introducir la hotelería moderna: fundó tres hoteles, construyó un centro comercial, una escuela bilingüe y un restaurante. En La Ceiba construyó y operó un hotel, convirtiéndose en el primero de nuestros paisanos que hizo inversiones en una ciudad mayor que la natal.

Probó ser ganadero. Descubrió que no era para él la inmóvil espera de las lluvias. Fue uno de los hombres que más empleo creó en Olanchito.

Al final residió en La Ceiba, logrando buenas relaciones y creando amistades que hoy lamentan su ausencia.

Tuvo cuatro hijos: Jardel, Denis, Jardiel y Lucy. Su muerte creó un vacío entre nosotros y las dos ciudades. Un líder natural, que animaba iniciativas, apoyando inversiones en la zona.

Su muerte nos deja huérfanos a los que le quisimos. Siento no haberle acompañado en su encuentro con la tierra donde descansan sus restos. Un abrazo para Chabelita, su viuda y compañera.

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