Humo blanco y humo digital

“El mundo necesita paz, y la paz empieza en el corazón de cada uno.”

  • Actualizado: 09 de mayo de 2025 a las 00:00 -

“El mundo necesita paz, y la paz empieza en el corazón de cada uno.” Así abrió su primer mensaje el recién elegido papa León XIV, Robert Francis Prevost, y particularmente no creo se refería a tratados ni de fronteras. Habló de interiores: del ser humano como territorio de conflicto o de calma. Y eso, leído desde la psicología social, es una advertencia profunda.

En tiempos donde la guerra ya no solo se libra con armas sino con palabras disfrazadas de verdad, el llamado del nuevo Papa no es religioso: es humanista. La desinformación, que manipula emociones, secuestra convicciones y falsifica contextos, se nutre precisamente de corazones sin paz y mentes sin defensa.

Los estudios globales coinciden: la desinformación se concentra en tres ejes principales; política, salud y migración. Sin embargo, en momentos como la elección papal, la religión emerge como un objetivo estratégico para las campañas de desinformación.

La fe es territorio fértil para el fanatismo, la manipulación o el miedo, y allí el bulo encuentra su oxígeno. Aunque la religión no encabeza los temas más frecuentes, sí se convierte en uno de los más virales cuando las emociones colectivas están a flor de piel.

La elección del papa León XIV no escapó al humo digital. Desde anuncios prematuros que proclamaban a otros cardenales como electos, hasta frases inventadas sobre temas sensibles como la transexualidad. Se compartieron imágenes generadas por inteligencia artificial que mostraban a otros prelados con atuendos papales antes del anuncio oficial. Publicaciones virales asegurando que la inteligencia artificial había predicho su elección, alimentando un nuevo tipo de superstición digital.

En el corazón del fenómeno no está solo el algoritmo. Está el usuario: crédulo, emocional, fragmentado. El humo digital se instala donde falta la paz interior y el pensamiento crítico. Por eso la frase del Papa no es ajena al fenómeno de las fake news. Es, quizás, su mejor antídoto. Porque una mente en paz no reacciona con odio, no comparte sin verificar, no cree por impulso.

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