Con frecuencia, los regímenes especiales no solo eliminan impuestos indirectos sobre los insumos destinados a exportación, sino que también conceden amplias exoneraciones del impuesto sobre la renta. Aunque estas políticas han sido útiles para atraer inversión en determinados momentos, también generan desigualdades entre empresas y reducen la base tributaria del país.
Un sistema basado en neutralidad tributaria para exportaciones permitiría prescindir gradualmente de ese tipo de incentivos.
Las empresas no pagarían impuestos indirectos sobre bienes destinados al mercado internacional -lo cual es consistente con las reglas del comercio global-, pero sí tributarían normalmente sobre la renta generada por el valor agregado producido en Honduras. El objetivo no es dejar de cobrar impuestos, sino cobrar los impuestos correctos: que el valor agregado nacional contribuya al impuesto sobre la renta, mientras que los bienes exportados no carguen con impuestos al consumo ni aranceles que distorsionen su competitividad en los mercados internacionales.
Un sistema así requeriría tres cambios institucionales: consolidar claramente en la legislación que todas las exportaciones de bienes y ciertos servicios se consideran operaciones a tasa cero con derecho pleno a crédito fiscal; establecer un mecanismo rápido y automático de devolución o compensación de ese crédito fiscal, basado en la verificación electrónica de las exportaciones registradas en aduanas; crear un sistema general de drawback para devolver derechos arancelarios sobre insumos importados que se incorporen a bienes exportados.
La clave para que un sistema de este tipo funcione es la eficiencia administrativa. Si las devoluciones tardan meses o años, la neutralidad tributaria desaparece en la práctica, porque las empresas terminan financiando al Estado.
Honduras tiene una oportunidad estratégica, y la posibilidad de convertirse en una plataforma exportadora basada en neutralidad tributaria podría ampliar la base de empresas exportadoras, fomentar la industrialización y permitir que más sectores participen en el comercio internacional.
A veces, la política más efectiva no es crear nuevos regímenes especiales, sino simplificar las reglas para que todos compitan bajo las mismas condiciones.