Es alarmante, preocupante y penosa la crisis de salud que hay en Honduras a nivel nacional. Los principales hospitales públicos de la capital, Tegucigalpa, como el Hospital Escuela, no dan abasto para atender la demanda médica y enfrentan una crisis de medicamentos. Igual situación ocurre en el hospital Mario Rivas, en San Pedro Sula, mientras la mora quirúrgica aumenta mortalmente en silencio.
La crisis de la salud pública en el país es trágica: hospitales llenos de todo tipo de enfermos que no están recibiendo los tratamientos adecuados, citas médicas programadas a largos plazos, cupos cerrados en diferentes campos hospitalarios, escasez de todo tipo de medicamentos, falta de personal médico y, como complemento, huelgas por falta de pagos y aumentos salariales.
Las máximas autoridades del Colegio Médico de Honduras buscan soluciones para sus agremiados, ante la falta de salarios y los aumentos. Las consultas internas y las cirugías selectivas están suspendidas a nivel nacional, y los servicios de emergencias están activos a medias.
Desde que empezó el gobierno del Partido Nacional, del presidente Nasry Asfura, esa crisis comenzó autoritariamente, pues el mismo Asfura se autonombró director de la Secretaría de Salud y, hasta hoy, sábado 17 de septiembre, sigue esa “Dictadura de la salud”.
Este abuso de poder es lo que ha provocado aún más la crisis de salud en Honduras, y la emigración de enfermos y parientes hacia la capital de la República de El Salvador ha sido la alternativa de estos hondureños y hondureñas en busca de atención médica en el hospital público Los Rosales, situado en la capital salvadoreña.
Mientras el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, abre las puertas de la hermandad ante la necesidad de estas enfermas y enfermos hondureños para que sean atendidos, el presidente hondureño, Asfura, los margina en un país llamado Honduras.