El poder de la simbología política

  • Actualizado: 28 de septiembre de 2026 a las 00:01 -

Nada fue casual. Cada paso del evento mediático de inauguración del nuevo y espectacular mausoleo donde descansan los restos del general Francisco Morazán, paladín de la unión centroamericana, en El Salvador, encierra un mensaje y contribuye a una estrategia mayor que parece posicionar al presidente Nayib Bukele como un líder regional.

Desde la toma de posesión de su segundo mandato, adoptó la chaqueta estilo casaca, cuello nerú, bordados dorados, propia de las imágenes de los próceres de los siglos XVIII y XIX. Esto marcó el inicio de una nueva etapa en la trayectoria de Bukele.

Quedó atrás la imagen de aquel presidente joven que demostraba desdén hacia el protocolo, vestía de manera informal, con gorra, que parecía irreverente, dispuesto a desafiar moldes incluso ideológicos.

Más allá de definirlo como un político de izquierda o de derecha, podemos coincidir en que su estilo es completamente pragmático y le ha funcionado.

El presidente Bukele ha sabido utilizar su propia imagen como muestra de los cambios en su administración. Desde esa perspectiva, la de la simbología política, está adentrándose en un nuevo momento, ya anticipado. Ahora encontramos a un Bukele distinto que se aleja de su propia imagen de antaño y se adentra en el ceremonial y el protocolo como expresión de sus ideas mucho más profundas.

Bukele busca trascender como líder regional y, en cierta forma, como el nuevo unionista centroamericano. Por ello, la carga de fervor patriótico y solemnidad que revistió la inauguración del nuevo mausoleo de Morazán, en el Jardín Centroamérica, al lado del centro de la actividad política de la capital salvadoreña.

Las fotografías y vídeos transmitidos por medios de comunicación, reproducidos una y otra vez por redes sociales, nos muestran una solemnidad muy distinta a la que estamos acostumbrados a ver en nuestra región.

El evento, impecable, como el atuendo y cada paso del mandatario; su mensaje, tan claro y firme, no deja lugar a duda: es la introducción de la nueva etapa en el mandato del presidente Bukele, que tiene un fuerte impacto no solo en su país, sino en toda la región.

“Nació hondureño, pero vivió, luchó y murió como centroamericano” fue la frase clave utilizada por Bukele al rendir honor a Morazán, el prócer hondureño de ideas liberales, que luchó contra el status quo de su tiempo.

Sin embargo, para lograr el anhelo morazánico en la actualidad, hay que tomar en cuenta las disparidades ideológico-políticas, así como socioeconómicas de la región. Basta con recordar que el sistema más antiguo de integración en América Latina es el centroamericano (1951) y esas diferencias y vaivenes geopolíticos no han permitido llegar a una sola nación o a una federación.

También podría ser una estrategia de Bukele para atraer a los hondureños que buscan un lugar ideal donde vacacionar en la próxima Semana Morazánica y El Salvador, que tiene activa una campaña publicitaria para tal fin, pueda ser el destino ideal; sin embargo, sería una conclusión demasiado simplista. Quizás sea un poco de ambas: una estrategia de atracción, pero no solo turística, sino con un profundo contenido político que aún no logramos dimensionar.

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