El país de la muerte

La violencia en Honduras se ha convertido en una constante cotidiana que refleja el deterioro de la seguridad y la incapacidad del Estado para frenar la muerte violenta

En Honduras, la muerte vive y se reproduce. Encontró su hábitat perfecto.

La muerte violenta se ha vuelto tan común que no inmuta a nadie. Pero sirve para alimentar el morbo y el ranking de noticieros amarillistas.

La violencia es la principal causa, no las enfermedades. Homicidios en primer lugar y accidentes automovilísticos en segundo. A diario, en plural, y en nuevas versiones, las masacres.

Según el Observatorio de la Violencia de la Unah, en los primeros cuatro meses de este año se reportaron más de 600 muertes violentas. A la fecha van 12 masacres, y el número de feminicidios alcanzó los 87.

Por otro lado se han registrado un total de 574 fallecimientos por accidentes de tránsito, de estos el 40% causados por motociclistas.

La muerte vive en cualquier rincón de esta Honduras. La violencia, adlátere de la muerte, es un secuaz perfecto.

Y en su modo verbal es omnipresente. La confrontación a cualquier nivel es lo más común ahora. La intolerancia va de la mano con ella. Y esa es una pésima combinación.

Las personas viven en un estado emocional alterado, por muchas causas, que solo necesitan una chispa para explotar.

Violencia en el hogar, en los centros de enseñanza, en fiestas, en ferias, en las calles entre conductores de vehículos, en redes sociales, en los estadios, en el Congreso Nacional, en los noticieros, mismos que facturan creando cizaña; en el periodismo deportivo (bueno, la Selección de fútbol ya no juega, ¡tiene batallas con los otros equipos!), y en redes sociales, donde se le rinde culto. Generalmente está relacionada con una pobre educación y escasa cultura.

Pero cada día, el panorama es más sombrío y preocupa que los Gobiernos y entes reguladores de la ley se ven sobrepasados por esta escalada.

Porque al final de todos los muertos, de las familias destrozadas, de sueños truncados, del costo económico, el único y exclusivo responsable es el Estado.

La Constitución de la república garantiza el derecho a la vida, a la integridad personal. Que la persona humana es el fin supremo de la sociedad y que hay que protegerla y respetarla.

Si hay muertes violentas es porque los entes encargados de la seguridad son incapaces o porque son cómplices.

El Ejecutivo debe tomar acciones ya. Él dijo que podía gobernar.

Y la muerte no da tregua.

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