Así es Rigores: la aldea donde el miedo apagó la vida cotidiana
La masacre ocurrida en la finca Paso Aguán cambió la rutina de esta comunidad de Trujillo, Colón donde sus habitantes ahora viven entre el silencio, la zozobra y la vigilancia permanente.
- Actualizado: 03 de junio de 2026 a las 17:38 -
La vida en la aldea Rigores, una comunidad de unos 5,000 habitantes ubicada a la margen izquierda de la carretera hacia Trujillo, en Colón ya no es la misma.
Lo que antes se movía al ritmo del trabajo en los cultivos de maíz y en las plantaciones de palma africana, hoy permanece marcado por la tensión, la zozobra y un silencio que parece haberse instalado en sus calles.
La masacre ocurrió en la finca Paso Aguán, situada a escasos cinco kilómetros al sur de la comunidad, en una zona donde el conflicto agrario ha estado presente durante años.
Las víctimas eran 20 personas que mantenían una ocupación agraria en ese sector. Su muerte provocó una profunda conmoción en Rigores y en otras comunidades cercanas del Bajo Aguán.
Antes de aquella madrugada, cuando hombres fuertemente armados acribillaron a balazos a las personas mientras participaban en un oficio religioso, Rigores vivía con el temor latente propio del conflicto agrario, pero bajo una relativa calma.
Hoy el panorama es distinto. Los sitios de recreación lucen vacíos, las calles se observan solitarias y la mayoría de los pobladores prefiere limitarse a hacer un recorrido directo entre sus trabajos y sus viviendas.
Poco a poco, la comunidad ha comenzado a parecer un pueblo fantasma. La gente evita permanecer en espacios abiertos y muchos prefieren no hablar de lo ocurrido.
Héctor Fuentes, un habitante de la tercera edad que ha residido en Rigores por casi cuatro décadas, resume el sentimiento colectivo de miedo e incertidumbre.
Sentado en una caseta a la orilla de la carretera, mientras esperaba el transporte, compartió su pesar con diario LA PRENSA.
“Tengo casi 40 años de vivir aquí y cuando vine todo era tranquilo, por eso me gustó. Ahora hay temor de que pueda pasar algo, se siente en el ambiente. Uno no debe nada, pero nadie sabe”, expresó.
Incluso la presencia de los medios de comunicación altera a los habitantes, quienes prefieren evitar cualquier contacto por temor a represalias.
“Miren, ellos solo los vieron a ustedes y se fueron. Hay temor en la población de que salgan hablando”, añadió Fuentes, quien fue el único poblador que se atrevió a romper el silencio frente a las cámaras de LA PRENSA.
La magnitud de la masacre también se refleja en el cementerio de la aldea, donde reposan los restos de 17 de las 20 víctimas.
Las otras tres personas fueron sepultadas en la aldea Panamá, situada a unos ocho kilómetros de distancia, extendiendo el luto a otra comunidad de la zona.
En un intento por retomar el control y devolver la tranquilidad a Rigores y sus alrededores, agentes de la Policía Nacional y elementos del Ejército han reforzado su presencia con retenes y operativos permanentes, de día y de noche.
Mientras las autoridades buscan a los responsables y reportan como primer resultado la captura de Carlos Mencías, alias “Gato Negro”, detenido el pasado martes en La Ceiba, Rigores sigue con sus puertas cerradas, intentando recuperar la paz que le fue arrebatada.
Las autoridades han reiterado que una de las prioridades es dar con el paradero de todos los responsables de la matanza. Hasta ahora, la captura de Carlos Mencías Molina, alias “Gato Negro”, representa el primer resultado judicial relevante dentro de las investigaciones por este crimen.
Esta tarde de miércoles 3 de junio, un juez de los tribunales ceibeños dictó detención judicial contra Carlos Mencías Molina, señalado por las autoridades como uno de los presuntos implicados en la masacre registrada el jueves 21 de mayo en la finca Paso Aguán, en Trujillo, Colón, donde fueron asesinadas 20 personas.