El microcrédito y las penalidades de la pobreza

La falta de acceso a servicios financieros formales empuja a miles de personas a recurrir a créditos informales y costosos, profundizando la desigualdad y la precariedad económica.

  • Actualizado: 18 de enero de 2026 a las 23:40 -

En muchos casos de la vida real como la falta de acceso a la información financiera, prejuicios de parte de los operadores, desafíos producto de las capacidades o conocimientos educativos de las personas, y otros conspiran para evitarles a las personas el acceso a los medios formales, tanto para obtener financiamiento como para el ahorro.

Los efectos de estas dificultades son doblemente perniciosos. Una persona con menor nivel educativo y menos conocimiento y contacto de cómo operan las cosas tendrá que pagar mucho más por su financiamiento, siendo obligado a recurrir a mecanismos informales que alguien que sí cumpla con estas condiciones.

La desventaja inicial de tener menos recursos es magnificada por una severa desigualdad de acceso a las oportunidades. Esto hace difícil la movilidad y el crecimiento, perpetuando las penalidades sociales y económicas asociadas con la precariedad.

Este problema tiene dos caras distintas y complementarias, que son el acceso al crédito y las formas de ahorro.

El microcrédito ya existe en la práctica. Y siempre lo ha existido. En la agricultura, el comercio informal y en los adelantos de los jornales ya existen personas que se dedican a cumplir con esta necesidad social.

El problema es que los riesgos para el prestamista, las debilidades y falta de conocimiento de los prestatarios y la ausencia de mecanismos institucionales accesibles causan que las tasas de interés sean irrisoriamente altas.

Vemos casos donde existen hasta intereses diarios que pueden superar el 10% en el comercio, lo cual es claramente un abuso y violación de los derechos económicos de las personas. Pero por la desesperación, las personas recurren a esto.

En este contexto, el microcrédito formal intenta posicionarse como una alternativa menos abusiva y más organizada. Sin embargo, en la práctica muchas veces reproduce las mismas dinámicas de explotación que se observan en los mercados informales.

Aunque las tasas puedan ser más bajas que las del usurero de barrio, siguen siendo desproporcionadas si se comparan con las que enfrenta una persona de ingresos medios o altos.

El costo del dinero para los pobres siempre es mayor, y ese hecho genera un círculo de deuda difícil de romper: el microcrédito, en lugar de ser una escalera de ascenso, puede convertirse en una trampa de la que es complicado salir.

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