Después del feriado

Tras el feriado, volver al trabajo también representa una oportunidad para crecer como personas, fortalecer valores y encontrar satisfacción en las tareas cotidianas

No me van a decir que estoy mintiendo si les digo que ningún feriado se siente suficientemente largo. Aunque se haya descansado, lo cierto es que el cuerpo y la mente piden un poquito más, y que se antoja continuar unos días sin madrugar, desayunando tranquilamente, caminando sin prisa y disfrutando de la cercanía de la gente a la que uno quiere.

Pero la realidad, terca como es, se impone y es obligatorio regresar a la rutina, reencontrarse con los compañeros de trabajo, enfrentar el tráfico y esperar la Navidad, cada vez más próxima.

Además, no debemos olvidar que el trabajo, manual o intelectual, pues ninguno de ellos existe en estado puro, es parte insoslayable de la existencia humana. De hecho, no se puede llamar trabajo, en sentido estricto, al que realizan una mula o una yunta de bueyes, porque la actividad laboral exige una intención y un propósito propios de la naturaleza humana y no de la animal. Es cierto que tanto a los seres humanos como a los animales les exige esfuerzo y los hace, a veces, sudar, pero existe una diferencia ontológica.

El trabajo humano tiene como característica principal que nos ayuda a construirnos a nosotros mismos. Toda labor llevada a cabo por el hombre o por la mujer exige una preparación previa, un aprendizaje, unos estudios y una práctica. En ese proceso se inicia una ruta de perfeccionamiento que nos conduce a la búsqueda de la excelencia. Es propio del ser humano procurar que su actividad laboral sea cada vez mejor y que el producto generado por su esfuerzo se vaya optimizando.

Todas aquellas actividades productivas que tenemos entre manos moldean nuestra personalidad y nos hacen cada vez mejores, en la medida en que ponemos todo nuestro empeño en realizarlas de la mejor manera. El trabajo cincela nuestro carácter y nos permite ejercitar una serie de virtudes humanas que nos llevan a alcanzar niveles superiores de desarrollo personal.

Ahí, en la oficina, en el taller, en la fábrica o en el aula, procuramos sacar lo mejor de nosotros; y, en las relaciones que surgen de las interacciones cotidianas con los colegas y compañeros de faena, ponemos en práctica hábitos éticos como la cordialidad, el espíritu de servicio, la afabilidad y la solidaridad.

De modo que el regreso del feriado debe verse como una oportunidad para continuar creciendo, para mantenernos en un plano inclinado que nos permita ascender cada vez más. Afortunadamente, una vez reincorporados al día a día, recuperamos la ilusión y, con ella, la habitual sonrisa.

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