El autor C. S. Lewis escribió entre los años cuarenta y cincuenta dos libros muy ingeniosos titulados “Cartas del diablo a su sobrino” (1942) y “El diablo propone un brindis” (1959). Ambas obras giran en torno a un demonio experimentado que instruye a demonios novatos en las estrategias necesarias para apartar a las personas de Dios.
Siguiendo esta misma línea de pensamiento desarrollada por Lewis, quisiera compartirles una adaptación de un escrito anónimo que encontré en internet, redactado en forma de carta, como si el propio enemigo de la humanidad le escribiera a un cristiano. Lo he adaptado para esta ocasión y, aunque está dirigido a creyentes, estoy seguro que sus advertencias facilitarán la reflexión de cualquiera que quiera ver con claridad las estratagemas del adversario.
“Te observé ayer. Te levantaste sin orar, pasaste el día sin bendecir tus alimentos, sin abrir tu Biblia. Qué delicia. Llevas años siguiendo a tu ‘Dios’ y sigues exactamente igual que al principio. Eso me fascina.
Me agrada tu flojera espiritual: cuando lees la Biblia estás cansado, cuando oras recitas palabras vacías, y cualquier pretexto te basta para faltar a tus reuniones. Tu indiferencia hacia la evangelización, el servicio y el bien de los demás me resulta muy útil.
Pero lo que más disfruto es que casi nunca tengo que tentarte. Tú solito buscas mis ambientes, mis entretenimientos, mis compañías. Te gozas de los chistes, la música y las películas que yo inspiro; yo me gozo de verte participar en ellos con una ‘devoción’ inmejorable. Qué conveniente que no te arrepientas, convencido de que eres joven y tienes derecho a todo, sin sospechar que cada día que pasa te acerca más a mí.
Debo ser honesto: te odio. No me interesas en lo más mínimo como persona. Y qué espectáculo tan placentero es verte construir tu propia ruina, ladrillo a ladrillo, viviendo únicamente para ti mismo, como si Dios fuera solo un detalle ornamental o prescindible.
Si tuvieras cordura, cambiarías de ambiente, entregarías tu vida a Dios de verdad y vivirías bajo la guía del Espíritu Santo. Pero no creo que lo harás.
Tu enemigo declarado: Satanás, o como me quieras llamar”