Capacidad de aguante

La capacidad para resistir las dificultades y afrontar los desafíos de la vida es una virtud que, según el autor, se ha debilitado en una sociedad cada vez menos tolerante a la frustración

  • Actualizado: 15 de julio de 2026 a las 00:00 -

Como les contaba hace un par de semanas, el pasado 29 de junio mi esposa y yo cumplimos 42 años de casados. Un poco en broma, algunos de mis amigos, sobre todo refiriéndose a mi esposa, me decían entonces que qué “capacidad de aguante” había tenido todo este tiempo para poder “sobrellevarme”.

Y, conociéndome como me conozco, no he dejado de darles la razón. Pero, además, la frase me ha servido para hacer algunas reflexiones que hoy quiero compartir con ustedes.

Lo primero es que en la cultura y los estilos de vida que hoy prevalecen, se ha perdido la “capacidad de aguante”. Se nota en la hipersensibilidad que tanta gente joven manifiesta, en esa incapacidad de soportar un llamado de atención, en la facilidad con que cambian de trabajo, en una clara fragilidad rayana en lo patológico.

No olvido cuando allá por octubre de 1979 mi padre decidía si mi traslado a Puebla, México, para comenzar estudios universitarios, se hacía por aire o por tierra. La diferencia en cuanto a tiempo de desplazamiento era más que notable, de un par de horas a un par de días.

Pero el razonamiento de mi papá fue: “Vos estás joven, bien aguantás ese viaje”. Y a mí me pareció natural, porque, además, eso implicaba un ahorro para sus finanzas. Nunca me sentí víctima de nada ni tuve sentimientos de autoconmiseración.

Saber resistir, ser resiliente, como se dice ahora, continúa siendo sumamente importante. Para mantener el esfuerzo sostenido en la relación conyugal, para sortear los días difíciles en el trabajo, para enfrentar con gallardía una enfermedad, para resolver las infaltables dificultades que la vida nos plantea casi de manera ininterrumpida, para madurar y envejecer sin caer en la tentación de la amargura y el sinsentido vital.

Creo que hemos olvidado que la existencia es una suerte de batalla, de lucha a brazo partido, y hemos comenzado a pensar, equivocadamente, que es un mullido sofá en el que podemos revolcarnos sin peligro de caernos y darnos un buen golpe.

Claro está que todos aspiramos a una vida cómoda, sin sobresaltos, y eso es totalmente válido y legítimo. Pero asumir que todo será un jardín de rosas, que no recibiremos más que abrazos y felicitaciones por cada cosa que hagamos o digamos, es un grave error.

Si hasta en los sueños se sufre, y puede despertar uno sudoroso y con el pulso acelerado, pensar que en la vida real todo será como en el final de telenovela venezolana o mexicana, es estar muy equivocado.

En el transcurso de los años, muchas veces hay que echar mano de la “capacidad de aguante”. Y pobre e infeliz el que no lo haya entendido.

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