“Al pueblo no hay que mentirle”

Aquella contundente contestación es valedera para aleccionar a políticos hondureños que no reparan en mentir al pueblo en sus campañas proselitistas

En el inicio de mi carrera periodística tuve la grata responsabilidad de dar cobertura a las elecciones presidenciales de Guatemala y El Salvador. Esto con las consiguientes vicisitudes que la misión tenía para un novel enviado de Diario La Prensa. En especial recuerdo la antesala de los comicios de 1985 en Guatemala, en los que participaron ocho partidos políticos, de los cuales solo dos tenían posibilidades de ganar: la Democracia Cristiana (DC), liderada por Vinicio Cerezo, y Unión del Centro Nacional (UCN) de Jorge Carpio Nicolle.

Mi editor me asignó como compañero de equipo al experimentado fotógrafo Raúl Morales, con quien hacíamos una dupla exitosa, pues él no solo lograba gráficas espectaculares, sino también sudaba la camiseta del periodista. No obstante, pasados los tres días que el periódico nos dio como plazo para obtener un panorama completo del ambiente preelectoral, no habíamos logrado entrevistar ni a Cerezo ni a Carpio Nicolle; solo a los candidatos “pequeños”, a las autoridades electorales y a ciudadanos en los sitios públicos, a manera de encuesta.

El caso es que Cerezo andaba en gira proselitista por el interior del país y no había manera de localizarlo, ni a través de su amable asistente, mientras que el equipo publicitario de Carpio Nicolle no nos daba apertura para poder contactarlo.

La noche anterior al día de nuestro regreso a Honduras, casi vencido al borde de la cama en el hotel, decidí preguntar por última vez a la asistente de Cerezo si este ya había retornado a la capital. “El ingeniero ya está aquí, pero ahora mismo va hacia Canal 11 para sostener un debate con Carpio Nicolle...”. No había terminado de hablar la dama al otro lado de la línea cuando estaba pidiendo al fotógrafo que se alistara porque iríamos de inmediato a Canal 11.

Llegamos volando a la televisora, pero Carpio Nicolle ya había entrado hasta el set, en tanto Cerezo estaba por llegar. En cuanto lo vi bajar de su vehículo, lo abordé presuroso con grabadora en mano, algo que solo hacía en casos apremiantes como aquel. Sus ojos claros sonrieron al tiempo que me decía: “tranquilo, busquemos un lugar en donde platicar”. Eso fue lo que hicimos con el escaso tiempo que teníamos: sostener una conversación fluida, mi método favorito para entrevistar.

El personal del canal nos permitió observar directamente a los dos políticos en el ruedo, de tal manera que pude captar claramente sus mutuas embestidas verbales, mientras Raúl disparaba de vez en cuando su cámara.

La promesa estelar de Carpio Nicolle era que eliminaría el Impuesto al Valor Agregado (IVA) si llegaba a la presidencia. Cuando sacó a relucir su propuesta en el debate, el candidato de la DC, con su característica serenidad, le ripostó: “Cuidado, Jorge. Al pueblo no hay que mentirle, tú sabes que los impuestos no se pueden eliminar ya que sirven para hacer obras”. De inmediato, Jorge Carpio Nicolle comenzó a frotar nerviosamente un grueso anillo en su mano izquierda.

Allí concluí, mentalmente, que el ganador de las elecciones sería Vinicio Cerezo, tomando en cuenta, además, mis improvisadas encuestas en las calles de Ciudad Guatemala.

Aquella contundente contestación es valedera para aleccionar a políticos hondureños que no reparan en mentir al pueblo en sus campañas proselitistas con tal de alcanzar el poder. Se escudan en el razonamiento maquiavélico de que el fin justifica los medios, aunque estos sean impúdicas falsedades.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias