Abundancia de escasez

  • Actualizado: 22 de septiembre de 2026 a las 00:01 -

Quienes administran nuestra miseria han encontrado la excusa perfecta para maquillar su absoluta ineptitud y el colapso laboral del país: bautizar como “emprendedor” al desempleado que lucha a diario por no morirse de hambre. Nos están vendiendo el abandono estatal envuelto en papel de regalo motivacional, obligándolo a usted a romantizar su propia supervivencia para que ellos no tengan que rendir cuentas.

Cuando usted ve a un vecino instalando un puesto de baleadas bajo una lona en la acera, o vendiendo ropa usada desde el baúl de su carro bajo el sol, no está presenciando el nacimiento de una corporación. Está viendo el último recurso de un ciudadano al que el sistema le cerró todas las puertas. Eso no es tener “mente de tiburón” ni vocación empresarial; es el puro pánico a no tener qué poner en la mesa a la hora de la cena. Sin embargo, las autoridades celebran este sacrificio desde sus oficinas climatizadas porque les resulta infinitamente más barato aplaudir su miseria que generar las condiciones para que usted acceda a un trabajo formal, con seguro médico y un salario digno. Han secuestrado la palabra “emprendimiento” para disfrazar la orfandad institucional en la que vivimos. Es una trampa perversa: el Estado fracasa en atraer inversión y en frenar la extorsión, pero si su tallercito quiebra o su pulpería tiene que cerrar, el discurso oficial le hará creer que a usted le faltó visión o resiliencia. Han tercerizado la culpa del fracaso económico, tirándosela al ciudadano de a pie. Usted no debería necesitar heroísmo para pagar el recibo de la luz, ni un “espíritu pionero” para completar la canasta básica. No permita que disfracen de éxito comercial lo que en realidad es una lucha a muerte por sobrevivir al abandono. La próxima vez que un político intente felicitarlo por su valentía emprendedora, no le sonría. Exíjale que deje de aplaudir desde la comodidad del poder y empiece a garantizar seguridad en las calles y crédito que no sea usura. Un país no se sostiene a base de bazares de fin de semana y milagros individuales; se construye con industria, reglas claras y un Estado que asuma su responsabilidad. Deje de agradecerles por permitirle sobrevivir y empiece a exigir el país funcional que usted ya paga con sus impuestos.

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