Tegucigalpa, Honduras.

Con un pequeño fogón improvisado con algunas piedras y en una lata de leche, una familia espera en las afueras del Santuario de Suyapa un poco de café que el abuelo José Martínez prepara a sus nietos para que disfruten con un pedazo de pan.

Como ya es una tradición desde hace 50 años, la familia Martínez se traslada desde el departamento de La Paz para dar gracias a la Virgen de Suyapa por cuidar a toda su descendencia.

Desde su madre, hijos, nietos y hasta bisnietos, año tras año, viajan desde La Paz a la capital de la república para pedir por el bienestar de toda la familia y que nunca les falte el trabajo.

“Mi mamá tiene más de 35 años de estar con una enfermedad, pero la hemos traído muy mal donde la Virgencita, y gracias a ella y a Dios siempre que se va de aquí (la basílica de Suyapa) va mucho mejor”.