Bajo un cielo gris y una brisa ligera, que muchos capitalinos esperan que se convierta en lluvia para aliviar la sequía, el centro histórico de Tegucigalpa se transforma en un gran lienzo de fe.
La icónica avenida Cervantes ya vibra con la actividad de cientos de personas que, entre sacos de aserrín y moldes de cartón, crean las tradicionales alfombras que engalanarán el paso del Santo Entierro este Viernes Santo.
La jornada, que funde la religiosidad profunda con el arte efímero, ha convocado a una marea de colaboradores que desafían los pronósticos climáticos.
Personal de la Alcaldía Municipal (AMDC), voluntarios de la Iglesia Católica, jóvenes de los Scouts y particulares se han volcado al centro de la capital para participar en esta maratónica labor que se extenderá hasta la madrugada del viernes.
El ambiente es de devoción compartida, e incluso se mantiene una invitación abierta para cualquier ciudadano que desee sumarse a plasmar los intrincados diseños religiosos.
Para esta edición de 2026, los artistas del aserrín tienen la meta de cubrir una extensión de 600 metros lineales sobre la avenida Cervantes. El recorrido, que ya muestra sus primeros trazos y colores, inicia frente a la Catedral Metropolitana hasta el sector conocido como “El Arbolito” en el populoso barrio Guanacaste.
La logística detrás de esta obra monumental es impresionante, pues se prepararon 10 toneladas de aserrín, lo que equivale a unos 1,200 quintales de material. Este insumo fue teñido meticulosamente con 14 colores vibrantes para permitir la creación de imágenes alusivas a la Pasión de Cristo, pasajes bíblicos y representaciones icónicas de la ciudad de Tegucigalpa, buscando conectar la fe con la identidad urbana.
Alrededor de 300 personas trabajan directamente en la confección de los tapetes, distribuidas en cuadrillas que se encargan desde el tamizado del aserrín hasta la colocación de los moldes.
A pesar de que la labor inició formalmente este jueves, el ritmo de trabajo se intensifica al caer la noche, aprovechando que la avenida Cervantes permanece cerrada al tráfico vehicular para proteger la integridad de las piezas.
Clima del Viernes Santo
El desafío climático es el tema de conversación entre los voluntarios, ya que los pronósticos de Cenaos advierten sobre la presencia de una vaguada que podría generar lluvias y tormentas eléctricas dispersas en la zona central.
Sin embargo, el fervor no decae y los equipos de trabajo están preparados para proteger las alfombras en caso de que la llovizna se intensifique antes del paso de las procesiones.
Se estima que hasta 60,000 personas transitarán por el casco histórico entre la noche de hoy y la mañana del viernes para apreciar este trabajo artístico antes de que sea destruido por el paso de las imágenes religiosas.
La Gerencia de Turismo de la AMDC ha dispuesto que la actividad sea el eje central de un circuito que incluye festivales gastronómicos y exposiciones culturales en la Plaza Central.
Esta tradición, que en Honduras se remonta a la década de los años 60, se mantiene vigente como un símbolo de unidad y sacrificio.
Los sacos de colores y el aroma del aserrín húmedo impregnan el aire del centro, recordando que, más allá de la técnica, lo que se plasma en el pavimento es una profunda manifestación de la espiritualidad hondureña.
Las autoridades municipales y eclesiásticas han reiterado que la actividad es un espacio para la convivencia familiar y el recogimiento. Mientras las manos de los voluntarios continúan moviéndose con agilidad bajo el cielo gris, Tegucigalpa demuestra una vez más que su fe es el color que brilla con más fuerza en el corazón de su historia.